Patético, por decir lo menos, resulta el show organizado por algunos medios de comunicación alrededor de la tragedia que viven miles de damnificados por los desastres naturales que se repiten cada año en el país. Se convoca a los colombianos a donar mercados, ropa, colchones, etc., para demostrar su solidaridad con los infortunados, como si con eso se solucionaran de raíz sus problemas. Todos los años por la misma época surgen, comopor encanto, los madre Teresa, supuestamente conmovidos con el desastre que destruye miles de hectáreas de cultivos de las zonas ribereñas de los ríos, viviendas en los caseríos aledaños, o el derrumbe de laderas en las zonas tuguriales de las ciudades, empeorando la de por sí grave situación de pobreza en que, por lo general, sobreviven las víctimas. Se camufla de esta manera la ineficiencia y la falta de previsión por parte de los organismos estatales, en cuanto a tomar con tiempo las medidas necesarias para que este tipo de eventos no se repitan todos los años. ¿Por qué si hay tanto dinero para sostener una guerra interminable contra los factores que desestabilizan el país y para alimentar el apetito voraz de los funcionarios corruptos, no se destinan los recursos suficientes para evitar que estas catástrofes? ¿Por qué a sabiendas del peligro que corre la población se permite la tugurización de los cerros y las riberas de los ríos en las ciudades? ¿Por qué no se toman medidas de fondo, aunque un poco tarde, para evitar que se siga deforestando las vegas ribereñas o se reforesta allí donde sea necesario, para evitar que los ríos pierdan su caudal y tengan que desbordarse inevitablemente para poder fluir? Por eso, en vez de andar pidiendo limosna a los colombianos que pagamos impuestos por todo, lo que hay que hacer es presionar a los gobernantes para que gobiernen, no a favor de sus amigos, sino para la población más desprotegida.
Gran "conmoción" ha causado la propuesta de legalizar el consumo de marihuana en California, como si de eso dependiera que sigan o no en el vicio. Holanda hace tiempo que lo hizo y no pasó nada más allá de poder tener bajo control a los adictos. En el fondo de la "conmoción" lo que se exterioriza es la mogigatería de cierta gente que trata por todos los medios de tapar el sol con una mano. La legalización del consumo de estupefacientes, que es un problema de salud pública, es la única salida para acabar con la violencia y la corrupción que genera la producción y la distribución de los mismos. Lo que pasa es que los que más se lucran del negocio ilícito son los distribuidores y los bancos gringos, verdaderos lavaderos de los narcodólares. Por eso es que no les conviene la legalización, pues ocurriria lo mismo que con el tabaco y el licor, en cuyo caso seria el Estado el que reicibiría enormes ingresos por concepto de impuestos. En este contexto, resultan patéticas las declaraciones del presidente Santos en el sentido de revisar la política antinarcóticos, como si eso dependiera del gobierno colombiano.
Todos nos sentimos orgullosos de ser colombianos (ni más faltaba), pero cuando nos enteramos a través de los medios de comunicación de la escandalosa corrupción que corroe la gestión pública (y privada); de los elefantes blancos que se reproducen a diario como conejos (los megaproyectos); de la ineficiencia de los mal llamados servidores públicos; de la impunidad que ronda los delitos de cuello blanco (de quienes a diario se roban los recursos del Estado); del incumplimiento de la mayoría de los contratos, etc., etc., nos deprime tanto que quisiéramos dejar de pertenecer a este país. Pero lo más grave es la desfachatez, e incluso indignación, con que los delincuentes se presentan ante la opinión pública, tratando de ocultar lo inocultable, mostrándose como víctimas de “oscuras” maquinaciones, sin el más mínimo asomo de arrepentimiento. De verdad que todo el espectáculo de la corrupción galopante que estamos presenciando, fomentada y fortalecida bajo el pasado gobierno, nos produce grima, ganas de gritar ante la impotencia de no poder hacer algo para que después de 200 años no se sigan tirando al país.
Sin dejar de reconocer el éxito de la operación de rescate de los 33 mineros chilenos y la expectativa mundial alrededor del acontecimiento, resulta escandaloso el reality show montado por los medios de comunicación para mercadear la tragedia humana de los obreros y sus familias. Como en cualquier competencia, se transmitió en vivo y en directo, paso a paso, el proceso de rescate, involucrando no solo a las víctimas, sino también a los que, directa o indirectamente son responsables, es decir, al gobierno en cabeza de su presidente y demás miembros de su gabinete, quienes aparentan “profundos” sentimientos de solidaridad. El drama vivido por los mineros chilenos es un llamado más a poner fin a la inseguridad en que trabajan los obreros en los socavones del mundo. La promesa del presidente chileno de revisar la legislación sobre seguridad laboral debería servir de ejemplo para países como Colombia, donde mueren sepultados con frecuencia nuestros trabajadores, sin que los gobiernos hagan algo para evitar que esto siga ocurriendo, sobre todo ahora que tanto se habla del auge minero.
Contrario a lo que se piensa, el 12 de octubre no es una fecha para celebrar sino para lamentar. La invasión de españoles y portugueses de la peor calaña significó la aniquilación masiva de los aborígenes de estas tierras y sus ricas costumbres; de su patrimonio, representado en sorprendentes obras de arquitectura y avances científicos como la astronomía; la inoculación de enfermedades endémicas de otras latitudes y el saqueo de las riquezas naturales, especialmente de los metales preciosos, para financiar el consumo suntuario en la metrópolis y decorar los templos cristianos en el viejo mundo. El eufemísticamente llamado choque de culturas no fue otra cosa que el avasallamiento y la imposición de la cultura conquistadora, con todas sus aberraciones, como la religión y los vicios traídos de ultramar. Por eso resulta irónico que los vasallos modernos de otros imperios rememoren con nostalgia tan deplorable suceso, sin escarbar un poco en su cerebro sobre el verdadero significado del mal llamado descubrimiento.
Hay varios motivos por los cuales los Estados Unidos siempre están provocando guerras fuera de su territorio. El primero es la necesidad de crear mercados para la industriamilitar y sus armas de destrucción selectiva y masiva. Sin las guerras este complejo industrial-militar entraría en crisis y con él, gran parte de la economía norteamericana. Para el 2004 se estima que el gasto militar de los Estados Unidos se calculaba en 455.300 millones de dólares, representando el 47% del total mundial. El año pasado esta suma ya llegaba a más de 600 mil millones de dólares y para el 2011 se presupuestan más de 700 mil millones.Otro motivo es la necesidad de garantizar el suministro de hidrocarburos y otras materias primas de origen mineral, para lo cual buscan controlar las fuentes de producción en los diferentes puntos geográficos del planeta. Con este fin, y no la supuesta defensa de la democracia, o la supuesta presencia de armas de destrucción masiva, se ha recurrido al control militar de regiones enteras, como el oriente medio, y a la invasión militar de países como Irak y Afganistán, en la cual han muerto miles y miles de civiles. En este mismo sentido se enmarca la actual arremetida contra Irán, al cual se acusa de desarrollar armas nucleares y de representar una amenaza para occidente. En realidad, lo que buscan los Estados Unidos y sus aliados, es consolidar el dominio militar y político en las regiones productoras de hidrocarburos, especialmente petróleo y en últimas, expandir su dominio geopolítico por el mundo, en un intento desesperado por no perder la hegemonía que aún ejercen.Por eso, el cuento de que los Estados Unidos andan preocupados por la democracia y los derechos humanos no es más que una falacia para disfrazar sus verdaderas intenciones.
Con bombos y platillos (yo diría que no tantos) se celebra por estos días el bicentenario de la independencia de Colombia, haciéndonos creer que este acontecimiento atañe a todos por igual: indígenas, negros, campesinos, artesanos, comerciantes, terratenientes. Sin lugar a dudas, la carne de cañón que hizo posible nuestra emancipación del yugo español la puso el pueblo de alpargata, mientras que los señores de la naciente burguesía y los grandes terratenientes se llenaban de gloria (y de riqueza) y que aún hoy aparecen como los héroes de la gran gesta. Habría que preguntarse si realmente la independencia significó la reinvindicación del pueblo raso, o si, por el contrario, reemplazó un yugo por otro, el de los oligarcas y terratenientes que todavía siguen concentrando riqueza, mientras la mayoría de los colombianos se despierta cada día con la incertidumbre de poder satisfacer sus necesidades básicas. El balance no puede ser más negativo: en doscientos años de ignominia la mal llamada clase dirigente, los dueños de este país, no solo no lograron transformar nuestra nación, sino que son los directos responsables del atraso económico, científico, social y político, de la violencia estructural en que sobrevivimos. Incapaces de administrar honestamente la cosa pública, nos debatimos entre la ineficiencia y la corrupción, observando perplejos cómo se roban los dineros, sin que las obras avancen adecuadamente. Después de doscientos años la mayor parte del territorio nacional permanece sin control por parte de un Estado que parece funcionar exclusivamente para favorecer los intereses de la oligarquía y los grandes terratenientes y de las empresas transnacionales y no para sacar al país del atraso socioeconómico y mental. Por eso, más que celebrar hay que hacer un juicio a quienes por todo este tiempo han manejado al país como si fuera su empresa familiar privada.
Por estos días andan alborotados los del gobierno, y sus aliados de la academia, promoviendo el “nuevo modelo” exportador, sustentado en los bienes de origen minero, como premisa para un desarrollo industrial supuestamente “sustentable”. En realidad, lo que está ocurriendo es un retorno al pasado, fincando el futuro de nuestro desarrollo en unos recursos naturales (especialmente carbón y petróleo) no renovables y sujetos a los vaivenes de los precios internacionales. Aparte de que la minería genera un mínimo de empleo, sus efectos sobre el ambiente son desastrosos y debido a su carácter temporal, una vez se agota el recurso, las regiones mineras se sumen en la depresión. Los bienes de origen minero han venido incrementado su participación en las exportaciones totales de manera sostenida en los últimos años, al pasar del 39% en 2001 al 56% en el 2009. El 85% de dichas exportaciones corresponde a petróleo y sus derivados y carbón. El incremento de las divisas provenientes de las exportaciones mineras ha fortalecido el proceso revaluacionista y fomentado las importaciones, desestimulando la industria orientada al mercado interno. En estas condiciones, toda la borrachera provocada por la bonanza temporal de los minerales y los hidrocarburos, terminará en un guayabo general, del cual nos costará mucho recuperarnos.
Según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, en 2009Brasil absorbía tan sólo el 1.8 por ciento de las exportaciones colombianas, al tiempo que los Estados Unidos lo hacía con el 39,2%, seguido por Venezuela (12,3%) y Ecuador (3,8%).En general, más el 70 por ciento de las exportaciones se dirigen al continente americano, mientras que a la Unión Europea se destina el 14,3% y a Asia, tan solo el 6,5%.
Por su parte, las importaciones en 2008 provenían principalmente de América (63,6%), especialmente de Estados Unidos (28,8%), México (7,9%), Brasil (5,9%) y Venezuela (3,0%). Otros países de origen fueron China (11,5%), Alemania (3,9%), Corea del Sur (2,3%) y Grecia (2,2%)
Esta concentración del comercio exterior en unos cuantos mercados, no le permite al país mayor maniobrabilidad y lo hace vulnerable a los vaivenes de la economía de nuestros principales socios. Tal es el caso reciente con Venezuela y Ecuador (por motivos políticos) y con Estados Unidos, por la crisis que vive ese país.
Por eso son muy importantes los pasos que está dando el gobierno, en el sentido de diversificar nuestro comercio exterior y dejar de depender de unos cuantos mercados. Sería conveniente, además, tratar de diseñar una estrategia exportadora que no se fundamente solamente en las materias primas, pues así como hoy hay buenos precios, en el futuro se puede revertir la tendencia, con las consecuencias negativas que hemos experimentado en el pasado.
El Vaticano no es un Estado. No tiene ninguno de los atributos ni características clásicas de un Estado: Carece de territorio propio (es parte de Italia), no hay ciudadanos vaticanos (cada cual tiene pasaporte de alguna otra nación. Hasta el propio papa viaja con pasaporte Italiano), su ejército es de guardias Suizos, no se le reconoce como nación en el seno de las Naciones Unidas. No pertenece ni al “primer mundo”, ni al “segundo” ni al “tercero”.
¿Que es entonces? ¡Muy sencillo! Es una empresa transnacional que comercia con intangibles a futuro. Ahora que se viene señalando con índice de fuego el papel tenebroso que juegan las empresas transnacionales en el sostenimiento de gobiernos gorilescos y en el derrocamiento de los regímenes democráticos, es oportuno enfocar la atención sobre esta empresa transnacional que es el Vaticano, que no solamente es la más antigua del mundo, sino la mejor organizada. Al igual que la ITT, la Shell, la United Fruit, la Standard Oil, la Coca-Cola y todas las demás empresas transnacionales, tiene sucursales en muchos países del mundo y una pirámide de funcionarios y empleados, de diferentes nacionalidades, que le juran lealtad exclusiva. Un ejemplo de lo que significa para cualquier compañía transnacional el patriotismo lo vimos en el conflicto de Medio Oriente, en 1974, cuando la Standard Oil, supuestamente norteamericana, se rehusó a proporcionar combustible a la flota norteamericana del Mediterráneo, sí no se le compraba al precio que ella exigía.
Las transnacionales no tienen patria, únicamente intereses. Puesto que no tienen tampoco “pueblo”, están liberadas de cualquiera preocupación democrática o de co-gobierno. La organización es monolítica, con líneas verticales de mando que se inician en el vértice de la pirámide, con un presidente y una Mesa Directiva, electos por la asamblea de accionistas y desciende, a través de órganos consultivos y ejecutivos, hasta los gerentes nacionales y los simples expendedores del producto. En la empresa vaticana, el “papa” es el electo por la asamblea de accionistas (el colegio de cardenales), los gerentes nacionales son los arzobispos, los regionales son los obispos y los concesionarios para la venta de la mercancía son los curas. Pero, hablemos un poco sobre esta mercancía, porque de ahí se derivan muchas de las peculiaridades de la empresa vaticana.
El artículo que viene exportando al mundo durante los últimos dieciocho siglos es, ya lo dijimos, un “intangible a futuros”. Esto no es muy raro que digamos. Los bancos, las financieras y las compañías de seguros manejan intangibles. Las acciones de la bolsa de valores, los certificados de crédito, las cédulas hipotecarias, los billetes, los seguros de vida, todos estos son valores intangibles. Se llaman así porque no podemos ver, ni palpar, ni usar el bien material que se supone está por el papel que tenemos en la mano. Por ejemplo, un seguro de vida, por el cuál estamos pagando una prima anual ¿Qué es? Una simple promesa de la compañía de seguros de que, cuando muramos, le entregarán a nuestros seres queridos una cierta cantidad de dinero. Esta promesa es valiosa para nosotros y por eso pagamos la prima; pero no podemos tocar en este momento el dinero, ni usarlo, ni palpar los objetos materiales que pueden comprarse con él… el artículo que estamos adquiriendo es una simple promesa… es un “intangible a futuros”.
El producto que vende la empresa vaticana se llama SALVACION EN LA OTRA VIDA. Cae dentro el ramo de los seguros de vida, con la modalidad de que no ofrece pagar a los deudos sino directamente al asegurado; pero en la otra vida. El artículo no es nuevo. Fue inventado hace más de 10.000 años; pero la novedad de la patente; la marca comercial, los membretes y símbolos, registrados hace 2,000 años, le dan su fisonomía actual. El pobre inventor de estas modificaciones, como siempre sucede, murió en la desgracia. Otros se han encargado de explotarla. La venta se hace a plazos semanales, libres de impuestos, empezando desde el primer día que el niño (sin siquiera saberlo) va al centro de propaganda, que es la iglesia de su barrio, y allí deposita una monedita. Como el monto de la retribución en la otra vida es proporcional a las aportaciones (menos las deducciones por mala conducta), se deja a cada quien la libertad de decidir cuánto invierte: ¡Allá él!
El comercio de intangibles depende fuertemente de factores psicológicos. Por principio de cuentas, el cliente necesita estar convencido de que el artículo existe en realidad, aunque no pueda verlo, ni tocarlo para comprobar objetivamente este aserto. Para esto se necesita fe. Fe en la calidad del artículo, fe en que le será entregado, fe en la solvencia moral de la empresa, fe en su personal. Mientras más irracional, absurdo y raro sea lo que se promete al consumidor, más fe necesita para desear adquirirlo y la empresa vaticana, para vender su producto, ha tenido que llegar al extremo de pedir a sus clientes que tengan fe ciega; que se pongan tapa en ojos y orejas para no ver ni escuchar a la razón ni al sentido común. Que sean mansos corderitos y no discutan… que sólo compren, compren y compren.
En realidad, el mayor peligro para el prestigio del producto y su consumo masivo ya no proviene de otros competidores. Ciertamente, en el pasado, la empresa vaticana sostuvo guerras sangrientas contra otras negociaciones transnacionales que pretendían arrebatarle el mercado; pero es justo reconocer que, a pesar de todo, logro imponerse en Europa y establecer agencias permanentes en América. A la fuerza, desde luego. Si comparamos el artículo romano con el árabe, veremos que este último está más vistosamente envuelto con huríes, ríos de miel y leche, finas viandas y eterna borrachera. Responde a los gustos y preferencias de pueblos libidinosos y sibaritas, de temperamento ardiente.
En Asia, el producto indostano se popularizó, gracias al acierto de ofrecer el pago de dividendos en otra vida, pero aquí mismo en la Tierra, no en una utopía celeste vaga y misteriosa. El inconveniente es que, desgraciadamente, la vida en nuestro planeta no es siempre agradable, aunque se encarne en un maharajá; pero a cambio de ello, la clientela de las empresas indostanas se enfrasca en una competencia desesperada por quedarse con los premios mejores, como jauría hambrienta que se pelea por un flaco hueso. A los que pierden se les ofrece la alternativa de salirse del juego y no volver más a esta Tierra. Muchos optan por esta solución. Mientras más feas se ponen las cosas en el mundo, son más los que quieren irse y no volver. La Buda & Nirvana International Corp. garantiza a sus clientes que les puede enseñar dónde está la puerta. En cuatro mil años de estar operando, nadie ha regresado para reclamarle.
La empresa vaticana se ha cuidado de no exagerar sus promesas para no perder credibilidad. Aunque sus artistas publicitarios llenaron las paredes de sus casas comerciales con perspectivas celestes, pobladas de angelitos retozando entre las nubes, ahora la empresa se ha quedado prudentemente callada sobre la localización exacta del paraíso en que ofrece cumplir a sus clientes la promesa de una vida eterna de felicidad. Ya no puede sugerir que esa mansión celeste flota en la estratosfera, ni tampoco la puede situar en otro planeta o sistema solar. Niega que esté dentro de cada uno de nosotros y no se atreve a postular una cuarta o quinta dimensión; por el temor de que algún día las matemáticas lleguen hasta ahí. Simplemente calla, en espera de que los telescopios descubran una barrera infranqueable para entonces decir que el paraíso está detrás de ella y que la única agencia de pasajes, es el Vaticano.
No es fácil, en un mundo que cada día se desatonteja más, vender boletos de primera y turismo hacia un encantador fraccionamiento celestial situado en el “más allá”; sobre todo porque no conviene describirlo con demasiado detalle y correr el peligro de que se descubra el fraude. Ya estamos escarmentados de fraccionadores aviesos que nos muestran preciosas maquetas y perspectivas con sol, fuentes, casas que siempre parecen más grandes de lo que realmente serán y chicas en bikini con incitantes sonrisas. Cuando llegamos al lugar, resulta que es un pedregal abandonado, lejos de todo y lleno de bichos repugnantes. Por eso, la empresa vaticana deja a cada quien que se imagine su lotecito como quiera, al cabo no puede ir a cerciorarse por sí mismo. Nadie puede alegar que le tomaron el pelo, porque sencillamente esa persona ya estará muerta.
Pero, para que la demanda del producto no disminuya ante el embate erosivo de la razón y de la ciencia, para que siga aumentando la clientela del artículo intangible que se llama SALVACION EN LA OTRA VIDA, los aboneros del más allá tienen que recurrir a las más variadas estrategias. Como todas las transnacionales, el consorcio vaticano tiene metida la mano en muchas partes: en la banca internacional, los bienes raíces, la prensa y, sobre todo en los gobiernos. Lo hace simplemente para proteger sus propios intereses. Es obvio que si la vida en este planeta fuese agradable y feliz, desaparecería el anhelo de alcanzar una vida mejor en un paraíso hipotético.
Para que alguien deseara salvarse, necesita haber algo indeseable de qué salvarse. Mientras haya miseria, habrá quien aspire a la riqueza; mientras haya dolor, habrá quiénes busquen placer; mientras haya opresión y esclavitud, habrá quiénes pidan ser liberados; mientras haya injusticia, habrá quiénes clamen por justicia. Si se alcanzan todas estas cosas aquí en la Tierra, se habrá matado a la gallina de los huevos de oro. ¿Como hacer, pues, para perpetuar la ignorancia, la miseria, la desigualdad, la opresión y todas las demás desgracias de la humanidad sin descubrirse como enemigo de ella, sino simulando ser su salvador? He aquí el dilema que encaró, hace siglos, la empresa vaticana y cuya solución es el cimiento de su estrategia internacional. Se funda en tres principios, o pretendidas virtudes teologales: FE, ESPERANZA Y CARIDAD.
Son tres poderosas armas, pintadas de blanco y camufladas con tanto arte que a su enunciación todos ustedes vibraron de emoción mística y ahora sentirán profunda indignación ante lo que juzgarán como sacrilegio: la demostración de que esta trilogía es el atentado más perverso que jamás se ideó contra la humanidad. Porque con la FE sea nula a la razón y a la inteligencia; con la ESPERANZA se convierte al hombre en esclavo de la casualidad, incapaz de planear, prever y calcular el futuro científicamente y con la CARIDAD se destruye el equilibrio sinérgico y se perpetúa la humillación, la invalidez y la miseria.
Las tácticas de los mercaderes de la inmortalidad son materia de la historia. Hablan de paz y, al mismo tiempo, instigan las guerras, bendicen las armas, distribuyen amuletos entre los contendientes de ambos bandos y se sientan a esperar para ver quien gana y entonar “te déums” en su nombre. Hablan de igualdad y defienden los privilegios de clase en los regímenes aristocráticos de explotación. Hablan de iluminación y apagan las luces del conocimiento. Los mercachifles del santo disimulo inventaron la confesión y la absolución, como medio para invalidar el sentido de responsabilidad social. Donde quiera que van les acompaña la distorsión de los valores naturales, del sentido común, de la ética y de la confianza de los hombres en sí mismos, para substituirlos por escalas de valores sobrenaturales, antinaturales, arbitrarios y ficticios, suficientemente impactantes como para dejar a los individuos sumidos en la confusión y abatidos por un complejo de culpabilidad, inducido arteramente (¡digan Uds!, nomás, ¿qué culpa tenemos de que Adán haya cohabitado con Eva?).
No hay rincón de la vida privada de los hombres donde los vendedores ambulantes de exorcismos y fetiches no se metan. Una vez acorralado su ganado, le sacan el mayor provecho posible: explotan la inseguridad que en ellos han cultivado cuidadosamente y que hace crisis en cada una de las decisiones trascendentales de la vida y ante cada evento de consecuencias imprevisibles; el nacimiento, el matrimonio, muerte, iniciación de un nuevo negocio, la enfermedad. Todo se presta para cobrar sobornos en nombre del ente que ellos colocaron en el centro del Universo para interferir caprichosamente con las leyes cósmicas naturales.
En fin. Eso es el Vaticano y su gran negociación transnacional. Podemos esperar que, si no logran derrotar a la ciencia, diseñarán nuevas tácticas para seguir gozando del monopolio mundial de intangibles sobrenaturales. Ya se ostentan como caudillos de la izquierda santificada y paladines de los pueblos desarrapados del Tercer Mundo; pero no nos equivoquemos: su único propósito es conducir a los tres mundos hacia el otro mundo, mientras ellos, gracias a Dios, se quedan en éste, disfrutando las ganancias de la operación “POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMEN”.
Tomado de una lista de correo A. Orden público. ¿Fueron derrotadas las farc? No. ¿Se acabó el secuestro y los secuestrados regresaron a sus hogares? No. Incluso, muchos han muerto en cautiverio. ¿Se acabaron los paramilitares? No. Incluso tienen representantes en el congreso, en los ministerios, en el DAS y hasta en cargos diplomáticos (Noguera en Italia, Visbal en Canadá, Arana en Chile, DeRoux en R. Dominicana, Osorio en Méjico...). ¿Se redujo el narcotráfico? No. La cocaína se vende como pan caliente en los países consumidores, es mas el gobierno esta orgulloso que ahora el kilo de Cocaina es mas caro, los consumidores siguen creciendo eso significa que estan ganando mas dinero. Ojo, no es lo mismo cocaína que coca. ¿Mejoró la seguridad en las ciudades? No. Metrallín es un campo de batalla entre traquetos, sicarios, gamberros, paracos y delincuentes comunes. Bogotá está asolada por atracadores, paras, apartamenteros. Los "reinsertados" operan en barrios enteros. ¿Mejoró la situación de los desplazados? No.Colombia tiene más de 4 millones de desplazados, y estos no han sido reconocidos como tales (ahora los llaman "migrantes voluntarios"). Para que se haga una idea, la peor catástrofe humanitaria de la década pasada fue el conflicto de Darfur, que dejó 4 millones de desplazados. Sudán es 2 veces más grande que Colombia y sin embargo en Colombia tenemos más compatriotas desterrados. ¿Están seguros nuestros jóvenes en las ciudades y campos? No. El ejército los mata para cobrar recompensas, en supuestos "falsos positivos" pero son aciertos crimenes de Estado y eso sin contar que ahora quieren que sean informantes para poner sus vidas en peligro B. Economía. ¿Ha mejorado el empleo? No. El Dane cambió la metodología. Ahora los que venden dulces en los semáforos o los que hacen acrobacias "técnicamente no son desempleados". Pero si usted mide verdaderamente cuánta gente no tiene trabajo, se llega a la cifra de 40% de la población económicamente activa. ¿Hay más inversión? No. Las enormes cifras de inversión extranjera reportadas por el B de la R corresponden a grandes negocios (SAB Miller y Bavaria, Grupo Prisa y El Tiempo y cosas así). En esos negocios no hay creación de nuevas empresas, sólo movimientos financieros, cambio de dueños. El resto de la inversión extranjera corresponde a capitales financieros de especulación, que entran al país a obtener ganancias (principalmente aprovechando las tasas de los TES) y luego se van como llegaron: sin controles y sin pagar impuestos. Los impuestos son para los de ruana (igual que la justicia). ¿Tenemos un sistema financiero razonable? No! En una cuenta de ahorros pagan intereses al 2% anual (con suerte), pero por un crédito cobran 36%. Todos los servicios bancarios tienen costo aparte (es decir, el margen de 34 puntos es todito para Luis Carlos Sarmiento o para los españoles). No hay un sistema decente de financiación de vivienda. C. El Agro
¿Mejoró la situación en el campo? No. Los campesinos siguen huyéndole a las balas del ejército, de los paras y de la guerrilla. La producción agrícola es de subsistencia, y los terratenientes ahora se dedican a cultivar palma en las tierras abandonadas por campesinos que le huyen a las balas que ya mencioné. Sobra decir quiénes cuidan esos cultivos, y quién los financia. Lo de AIS es lo más reciente, pero desde 2002 ya existía una cosa que se llama "Incentivo de Cobertura Cambiaria". Subsidios exclusivos para floricultores y productores de banano. Y ¿quienes son ellos? Terratenientes antioqueños, en su mayoría. Ningún pequeño cultivador puede acceder a esos incentivos por una simple razón: debe demostrar montos astronómicos de exportaciones. Como decía un político por ahí: "por los campos de Colombia ahora sólo se ven vacas, caballos finos y reinas de belleza". D. Situación social
¿Tenemos un mejor sistema de salud? No. De hecho el sistema pasa por su peor momento. Si usted ha ido a un médico por la EPS sabe a qué me refiero. Y si está sin trabajo y no lo consigue porque primero debe ponerse al día en sus propios aportes para que lo reciban en un trabajo, también sabe de qué le hablo. En resumen, hoy por hoy si usted se enferma es su problema. El estado no le va a dar la mano en esa situación y no se vislumbra una mejor situacion con los decretos de emergencia social, ahora si usted se enferma con una enfermedad de alto costo, le tocara sacar de sus ahorros, de sus cesantias o hipotecar su casa y si no tiene ninguna de ellas.... ¿La situación de los trabajadores mejoró? No. El salario mínimo cubre apenas el 50% del costo de la canasta familiar. Los recargos nocturnos aplican solo desde las 10pm. Se impuso la modalidad de contrato por servicios, sin cobertura en salud, sin aportes a pensión, sin beneficios sociales (prima de junio y diciembre, caja de compensación). Usted mismo debe pagar sus aportes a pensión y salud. No tiene cesantías. ¿Y las pensiones? Jajaja! ¿Hay respeto por las minorías? No. A los indígenas los mata cualquiera de los "actores armados". Los negros son esclavos en su propia tierra. Los homosexuales, lesbianas, prostitutas etc son perseguidos por los reinsertados. Descomposición social absoluta. E. Educación y cultura
¿Tienen sus hijos garantizado el derecho a la educación? No. Si usted no tiene trabajo o no le alcanza la plata, de malas. La educacón pública es cada vez más costosa y de menor cobertura. Los presupuestos de las universidades públicas se han recortado para poder aumentar el presupuesto militar (para que tengan con qué pagar las recompensas mencionadas arriba). ¿Y la cultura? Mal, gracias. El primer acto de gobierno de Uribe en materia cultural por allá en 2002 fue acabar la orquesta sinfónica nacional. Ahora nos quieren convencer que cultura en Colombia son los carrieles y los sombreros vueltiaos. Y la TV ni se diga. Apología a los traquetos y sus extravagantes estilos de vida. F. Relaciones internacionales
¿Qué hay de eso? Están en su peor momento. Peleados con todos, todos los vecinos y con los no tan vecinos. Sacando pecho porque Obama le firmó un autógrafo al presidente. ¿Usted cree que Salvador Arana ha estudiado algo en su vida? Al menos no parece. En todo caso ya está preso por asesino. Solo a semejante presidente se le ocurre nombrar asesinos en las embajadas. Pero mientras tooooooodo eso y muchas cosas más pasan en Colombia, RCN y El Tiempo (principalmente) le lavan el cerebro a usted, su familia, sus vecinos y al que se atraviese. Le ponen a hervir la sangre hablando de Chavez y luego lo consuelan mostrándole novelas sobre traquetos y reinas de belleza. Los problemas de Colombia están adentro, en sus líderes, en nuestra forma de pensar y actuar y quedarnos callados. Los problemas de Colombia NO están en Venezuela ni su causante es Chávez. Que ellos resuelvan sus asuntos como puedan y como quieran. Nosotros debemos concentrarnos en los nuestros. Para comenzar pregúntese: ¿Qué significa ser ciudadano de la República de Colombia? ¿A qué tengo derecho por haber nacido acá y por pagar impuestos acá? ¿Cuáles son mis deberes como ciudadano de éste país? ¿Qué debo esperar del Estado? ¿Cuáles son las obligaciones y responsabilidades de los gobernantes que manejan ese estado? ¿Le gusta el país así como está?
EN ESTE 2010 AÑO DE ELECCIONES SEPA POR QUIEN VOTAR, VOTE POR IDEAS NO POR UN PEDAZO DE LECHONA O POR QUE TIENE LA VALLA MAS BONITA O MAS GRANDE, VOTE POR PROPUESTAS POLITICAS Y NO POR APELLIDO O FAMILIA DE PRESTIGIO, EL FUTURO DE COLOMBIA ESTA EN LAS MANOS DE CADA COLOMBIANO.
¿CÓMO HACERLES ENTENDER A LOS gobernantes de nuestro país que las guerras contra el crimen, “la mano dura y el corazón grande” ante el delito seguirán siendo inútiles mientras no emprendamos un esfuerzo concertado, inteligente y generoso, no tanto por perseguir y castigar, sino por impedir que los jóvenes se vuelvan delincuentes?
La principal causa de delincuencia hoy en Colombia es la falta de un orden incluyente en el cual los jóvenes sientan que son tenidos en cuenta por la sociedad, que se les ofrece educación, salud, respeto, el horizonte de un empleo digno, estímulos para su talento y oportunidades para realizar sus sueños. Todos esos guerrilleros, paramilitares y delincuentes comunes que se desmovilizan y resurgen como hongos después de cada redada no son meras expresiones del mal, son la evidencia de un orden social donde a los jóvenes no se les ofrece otro destino que las armas.
Por la educación, por la salud, por la posibilidad de desarrollar sus talentos, tienen que pagar hasta el último peso, pero por la violencia todos les pagan: la guerrilla, las bandas criminales y hasta el propio Estado.
Despreciar los recursos que ofrece la civilización para prevenir y controlar el delito es la más antigua tradición de la sociedad colombiana. Aquí la educación debería ser gratuita, como en todos los países decentes. La identificación temprana de vocaciones y talentos debería ser una práctica corriente, la orientación de los jóvenes hacia la ciencia, la tecnología, los oficios, las profesiones, la productividad y las artes debería ser la primera prioridad del orden social. Pero basta comparar el presupuesto del Ministerio de Defensa con el presupuesto del Ministerio de Cultura: para nuestros gobiernos, el poder de las armas es doscientas veces más importante que el poder de las ideas, de las costumbres y de la convivencia. Si uno hace un rectángulo y lo divide en doscientos cuadros, dejando todos en blanco y llenando de color solamente uno, tendrá ante los ojos la desconcertante relación que existe en Colombia entre el presupuesto de la guerra y el presupuesto de la cultura.
De prevenir el delito no habla nadie; de castigarlo, hablan todos. Se les hace agua la boca diciendo “cero tolerancia con el delito”, y uno creería que están hablando de empleo, de educación, de prevención, de dignidad de las comunidades: no, están hablando de cárceles y a lo mejor de tormentos. Les parece más efectivo reprimir, perseguir, hacer redadas, encarcelar, dar de baja, porque todo eso puede hacerse en seguida, en tanto que la prevención, la recuperación y la reeducación requieren esfuerzo, generosidad y una conciencia profunda de la dignidad de los seres humanos.
Y como cada gobierno sólo dura cuatro años (y el siguiente período nunca está seguro), nadie se siente con el ánimo de emprender una profunda rectificación del modelo de convivencia, que tardará unos pocos años en dar sus frutos, y le apuestan todo a la ilusión del exterminio. Pero como ocurre con el narcotráfico: por cada jefe que cae, veinte se disputan en seguida su puesto, sus rutas, su ámbito de influencia; cada vez que uno de ellos es extraditado, ascienden las nuevas promociones; a rey muerto, rey puesto, y el negocio no deja de ser próspero porque se eliminen del escenario talentos tan fácilmente reemplazables como los de un jefe de mafias.
Nos gobierna una idea de la humanidad basada en el resentimiento, en la lógica insana del furor y el castigo. Y lo que más debería hacernos pensar es que ese mal no es nuevo. Cuando yo tenía cinco años, hace medio siglo, nos decían que Colombia sería un paraíso en cuanto se diera de baja a Desquite y a Sangrenegra, los bandoleros que asolaban los campos. Yo mismo fui testigo del vuelo de los helicópteros que llegaban al norte del Tolima a pacificar la región. Hace veinticinco años me estremecía ver en fotografías de la prensa cómo sacaban cerca de Bogotá pendiendo de helicópteros los cadáveres de los guerrilleros dados de baja, o cómo hacían la exposición de sus cuerpos como de piezas de cacería. Hace veinte años sabíamos que bastaba eliminar a Rodríguez Gacha y a Pablo Escobar para que Colombia descansara por fin.
Hoy nos dicen que la guerra en los campos está terminando, pero que todos los días nacen nuevas bandas de delincuentes en las ciudades. Ahora se llaman “Los chicos malos”, “Los falsos”, “Los aguacates”, “Los Simpson”, “Los triana”, “Los chachos”. 145 bandas en Medellín, 44 en Cali, muchísimas en las otras ciudades, y panfletos amenazantes en 20 departamentos. No es irracional el temor de que, con esta manera absurda de enfrentar el delito sólo por la represión, con estas desmovilizaciones que no parecen estar acompañadas de serios procesos de recuperación de los combatientes, y sin un esfuerzo serio por cambiar la situación de los jóvenes en las barriadas, lo único que estemos haciendo es traer a las ciudades la violencia del campo.
Llegan nuevas oleadas de delincuentes, y empieza a hablarse otra vez de “limpieza social”, del terror en los barrios, “toques de queda” dictados por criminales anónimos. Y ¿no era de esperar que fuera así, cuando el Estado no tiene otro lenguaje para los excluidos que el de la violencia y de la guerra? Es urgente que se forme en Colombia una alternativa de civilización que rechace por igual todas las violencias, que no haga de la violencia la única respuesta a las bárbaras consecuencias de la injusticia. Los paños de agua tibia de una legalidad sin justicia no hacen más que demorar el caos que crece, y que puede acabar por arrastrarnos a todos.
“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.