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25 octubre 2010

GRINGOS PERIQUEROS



Gran "conmoción" ha causado la propuesta de legalizar el consumo de marihuana en California, como si de eso dependiera que sigan o no en el vicio. Holanda hace tiempo que lo hizo y no pasó nada más allá de poder tener bajo control a los adictos. En el fondo de la "conmoción" lo que se exterioriza es la mogigatería de cierta gente que trata por todos los medios de tapar el sol con una mano. La legalización del consumo de estupefacientes, que es un problema de salud pública, es la única salida para acabar con la violencia y la corrupción que genera la producción y la distribución de los mismos. Lo que pasa es que los que más se lucran del negocio ilícito son los distribuidores y los bancos gringos, verdaderos lavaderos de los narcodólares. Por eso es que no les conviene la legalización, pues ocurriria lo mismo que con el tabaco y el licor, en cuyo caso seria el Estado el que reicibiría enormes ingresos por concepto de impuestos. En este contexto, resultan patéticas las declaraciones del presidente Santos en el sentido de revisar la política antinarcóticos, como si eso dependiera del gobierno colombiano.

PAIS FALLIDO


Todos nos sentimos orgullosos de ser colombianos (ni más faltaba), pero cuando nos enteramos a través de los medios de comunicación de la escandalosa corrupción que corroe la gestión pública (y privada); de los elefantes blancos que se reproducen a diario como conejos (los megaproyectos); de la ineficiencia de los mal llamados servidores públicos; de la impunidad que ronda los delitos de cuello blanco (de quienes a diario se roban los recursos del Estado); del incumplimiento de la mayoría de los contratos, etc., etc., nos deprime tanto que quisiéramos dejar de pertenecer a este país. Pero lo más grave es la desfachatez, e incluso indignación, con que los delincuentes se presentan ante la opinión pública, tratando de ocultar lo inocultable, mostrándose como víctimas de “oscuras” maquinaciones, sin el más mínimo asomo de arrepentimiento. De verdad que todo el espectáculo de la corrupción galopante que estamos presenciando, fomentada y fortalecida bajo el pasado gobierno, nos produce grima, ganas de gritar ante la impotencia de no poder hacer algo para que después de 200 años no se sigan tirando al país.

18 octubre 2010

17 octubre 2010

EL REALITY SHOW MINERO


Sin dejar de reconocer el éxito de la operación de rescate de los 33 mineros chilenos y la expectativa mundial alrededor del acontecimiento, resulta escandaloso el reality show montado por los medios de comunicación para mercadear la tragedia humana de los obreros y sus familias. Como en cualquier competencia, se transmitió en vivo y en directo, paso a paso, el proceso de rescate, involucrando no solo a las víctimas, sino también a los que, directa o indirectamente son responsables, es decir, al gobierno en cabeza de su presidente y demás miembros de su gabinete, quienes aparentan “profundos” sentimientos de solidaridad. El drama vivido por los mineros chilenos es un llamado más a poner fin a la inseguridad en que trabajan los obreros en los socavones del mundo. La promesa del presidente chileno de revisar la legislación sobre seguridad laboral debería servir de ejemplo para países como Colombia, donde mueren sepultados con frecuencia nuestros trabajadores, sin que los gobiernos hagan algo para evitar que esto siga ocurriendo, sobre todo ahora que tanto se habla del auge minero.

11 octubre 2010

EL 12 DE OCTUBRE

Contrario a lo que se piensa, el 12 de octubre no es una fecha para celebrar sino para lamentar. La invasión de españoles y portugueses de la peor calaña significó la aniquilación masiva de los aborígenes de estas tierras y sus ricas costumbres; de su patrimonio, representado en sorprendentes obras de arquitectura y avances científicos como la astronomía; la inoculación de enfermedades endémicas de otras latitudes y el saqueo de las riquezas naturales, especialmente de los metales preciosos, para financiar el consumo suntuario en la metrópolis y decorar los templos cristianos en el viejo mundo. El eufemísticamente llamado choque de culturas no fue otra cosa que el avasallamiento y la imposición de la cultura conquistadora, con todas sus aberraciones, como la religión y los vicios traídos de ultramar. Por eso resulta irónico que los vasallos modernos de otros imperios rememoren con nostalgia tan deplorable suceso, sin escarbar un poco en su cerebro sobre el verdadero significado del mal llamado descubrimiento.

09 octubre 2010

MENTIROSO, MENTIROSO



Hay varios motivos por los cuales los Estados Unidos siempre están provocando guerras fuera de su territorio. El primero es la necesidad de crear mercados para la industria militar y sus armas de destrucción selectiva y masiva. Sin las guerras este complejo industrial-militar entraría en crisis y con él, gran parte de la economía norteamericana. Para el 2004 se estima que el gasto militar de los Estados Unidos se calculaba en 455.300 millones de dólares, representando el 47% del total mundial. El año pasado esta suma ya llegaba a más de 600 mil millones de dólares y para el 2011 se presupuestan más de 700 mil millones. Otro motivo es la necesidad de garantizar el suministro de hidrocarburos y otras materias primas de origen mineral, para lo cual buscan controlar las fuentes de producción en los diferentes puntos geográficos del planeta. Con este fin, y no la supuesta defensa de la democracia, o la supuesta presencia de armas de destrucción masiva, se ha recurrido al control militar de regiones enteras, como el oriente medio, y a la invasión militar de países como Irak y Afganistán, en la cual han muerto miles y miles de civiles. En este mismo sentido se enmarca la actual arremetida contra Irán, al cual se acusa de desarrollar armas nucleares y de representar una amenaza para occidente. En realidad, lo que buscan los Estados Unidos y sus aliados, es consolidar el dominio militar y político en las regiones productoras de hidrocarburos, especialmente petróleo y en últimas, expandir su dominio geopolítico por el mundo, en un intento desesperado por no perder la hegemonía que aún ejercen. Por eso, el cuento de que los Estados Unidos andan preocupados por la democracia y los derechos humanos no es más que una falacia para disfrazar sus verdaderas intenciones.

04 octubre 2010

EL GRAN DICTADOR

LA INDEPENDENCIA INCOMPLETA


Con bombos y platillos (yo diría que no tantos) se celebra por estos días el bicentenario de la independencia de Colombia, haciéndonos creer que este acontecimiento atañe a todos por igual: indígenas, negros, campesinos, artesanos, comerciantes, terratenientes. Sin lugar a dudas, la carne de cañón que hizo posible nuestra emancipación del yugo español la puso el pueblo de alpargata, mientras que los señores de la naciente burguesía y los grandes terratenientes se llenaban de gloria (y de riqueza) y que aún hoy aparecen como los héroes de la gran gesta. Habría que preguntarse si realmente la independencia significó la reinvindicación del pueblo raso, o si, por el contrario, reemplazó un yugo por otro, el de los oligarcas y terratenientes que todavía siguen concentrando riqueza, mientras la mayoría de los colombianos se despierta cada día con la incertidumbre de poder satisfacer sus necesidades básicas. El balance no puede ser más negativo: en doscientos años de ignominia la mal llamada clase dirigente, los dueños de este país, no solo no lograron transformar nuestra nación, sino que son los directos responsables del atraso económico, científico, social y político, de la violencia estructural en que sobrevivimos. Incapaces de administrar honestamente la cosa pública, nos debatimos entre la ineficiencia y la corrupción, observando perplejos cómo se roban los dineros, sin que las obras avancen adecuadamente. Después de doscientos años la mayor parte del territorio nacional permanece sin control por parte de un Estado que parece funcionar exclusivamente para favorecer los intereses de la oligarquía y los grandes terratenientes y de las empresas transnacionales y no para sacar al país del atraso socioeconómico y mental. Por eso, más que celebrar hay que hacer un juicio a quienes por todo este tiempo han manejado al país como si fuera su empresa familiar privada.

02 octubre 2010

LA EUFORIA MINERA


Por estos días andan alborotados los del gobierno, y sus aliados de la academia, promoviendo el “nuevo modelo” exportador, sustentado en los bienes de origen minero, como premisa para un desarrollo industrial supuestamente “sustentable”. En realidad, lo que está ocurriendo es un retorno al pasado, fincando el futuro de nuestro desarrollo en unos recursos naturales (especialmente carbón y petróleo) no renovables y sujetos a los vaivenes de los precios internacionales. Aparte de que la minería genera un mínimo de empleo, sus efectos sobre el ambiente son desastrosos y debido a su carácter temporal, una vez se agota el recurso, las regiones mineras se sumen en la depresión. Los bienes de origen minero han venido incrementado su participación en las exportaciones totales de manera sostenida en los últimos años, al pasar del 39% en 2001 al 56% en el 2009. El 85% de dichas exportaciones corresponde a petróleo y sus derivados y carbón. El incremento de las divisas provenientes de las exportaciones mineras ha fortalecido el proceso revaluacionista y fomentado las importaciones, desestimulando la industria orientada al mercado interno. En estas condiciones, toda la borrachera provocada por la bonanza temporal de los minerales y los hidrocarburos, terminará en un guayabo general, del cual nos costará mucho recuperarnos.