Invitación a debatir sobre temas de economía, política, medio ambiente y mucho mas.
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17 enero 2017
09 enero 2017
Los animales se divierten
El juego animal pone en tela de juicio que la lucha por la supervivencia sea el único motor de los seres vivos. Del darwinismo al electrón este ensayo invita a ver la libertad lúdica como un principio de la naturaleza.
Por: David Graever
Tomado de Letras Libres, 11 de marzo de 2015
En cierta ocasión, mi amiga June Thunderstorm y yo estuvimos media hora sentados en un prado junto a un lago de montaña observando cómo un gusano medidor se bamboleaba en lo alto de un tallo de hierba, giraba hacia todas las direcciones posibles y, finalmente, saltaba al tallo más próximo para seguir haciendo lo mismo. Así continuó recorriendo un amplio círculo, en lo que tendría que ser un enorme gasto de energía, sin que aparentemente hubiera razón alguna para hacerlo.
“Todos los animales juegan –me había dicho una vez June–. Incluso las hormigas.” Ella había trabajado durante muchos años como jardinera profesional y había tenido ocasión de observar y examinar numerosos episodios como este. Leer más
30 noviembre 2016
¿LA NUEVA CUBA?
Por: Enrique Krauze
Letras libres
Los caminos de la Historia son inescrutables. No es posible saber si absolverá a Fidel Castro o lo condenará por su larga y penosa dictadura. Ahora que la situación comienza a cambiar en la zona, resulta indispensable recorrer a detalle las accidentadas etapas de una revolución traicionada. Leer más
20 septiembre 2016
Votar Sí: la hora de la Franja Amarilla
Votaré sí en el plebiscito. No puedo decirles a dos guerreros, que durante medio siglo han hecho la guerra entre sí y que nos han hecho la guerra a nosotros, que no silencien las armas.
Por: William Ospina
No es un favor que nos hacen: es su deber con un pueblo que ha padecido demasiado. Pero lo que enseguida tengo que decir es que quienes voten por el No, no son mis enemigos. Tienen todo el derecho a hacerlo si no les gusta el acuerdo a que han llegado el gobierno y la guerrilla. A mí tampoco me gusta, pero probablemente por razones muy distintas. Hay algunos que piensan que ese acuerdo es malo porque concedió demasiado, porque cambió muchas cosas; yo pienso que es malo porque concedió muy poco y porque no cambió nada.
No pertenezco al bando de los grandes dueños de la tierra, que ven como una amenaza, en un país de 30 millones de hectáreas productivas, un fondo (harto improbable) de tres millones de hectáreas para los campesinos. Al contrario, creo que para cambiar la situación del campo colombiano se requieren diez millones de hectáreas, pero no distribuidas en una irreal solución agrarista, sino dedicadas a la modernización del campo, teniendo a los campesinos como principales protagonistas.
Dicen que en el mundo la distribución de la riqueza es tan inequitativa que la mitad de la riqueza mundial está en manos del uno por ciento de la población. O sea, una de cada cien personas es dueña de la mitad de todo. Pues bien, en Colombia la cosa es tan desproporcionada que una de cada diez mil personas es dueña de la mitad de la riqueza nacional: en un país de 50 millones de habitantes, cinco mil personas son dueñas de la mitad del campo productivo y de la mitad de los depósitos que hay en los bancos.
Lo que hace el acuerdo de La Habana es muy poco y no cambiará casi nada. Peor aún, existe el peligro de que ni siquiera desactive el conflicto con las Farc, porque algunos frentes no van a desmovilizarse, porque otros corren el riesgo de ser masacrados por paramilitares o por las propias fuerzas del Estado, y porque la desmovilización, sin un esfuerzo por convocar a la población civil a construir la reconciliación en el territorio y acoger con garantías a los guerreros, se da en un escenario de desconfianza y de insolidaridad.
Pero es la primera vez que Estado y guerrilla ofrecen terminar esta guerra atroz, donde han muerto y sufrido tantos ciudadanos, y sobre todo los más pobres, de modo que no podemos negarnos a intentar cerrar esta herida. Siempre he sabido que el fin del conflicto tenía que ser negociado, pero el verdadero cierre de una herida hay que hacerlo de cuerpo presente, y aquí han dedicado más tiempo al diagnóstico lejos del paciente, mientras a la filigrana de la reconciliación le van a dedicar, imprudentemente, pocos días.
Los que siempre hicieron la guerra no saben cómo hacer la paz. El documento de 297 páginas está alambrado de desconfianzas, de imposibilidades y de ineptitudes. Todo el trabajo de superación del conflicto se lo están dejando a las comunidades, pero una vez más sólo los que hicieron siempre la guerra quieren manejar el posconflicto.
Para agravar las cosas, ese deseable pero harto complicado final del conflicto se da en un contexto muy colombiano de rivalidad feroz entre dos sectores de la dirigencia. Nunca supieron hacer otra cosa que enfrentar a los ciudadanos entre sí, para poder seguir reinando. Ahora, a pesar de sus esfuerzos, y a pesar de ciertos titulares de prensa, no han logrado polarizar a los colombianos. Los gallos de pelea han perdido prestigio, y la ciudadanía se da cuenta de la insensatez de los dirigentes, de llamar a la guerra en nombre de la paz.
Entiendo que con el final del conflicto (que ojalá no conlleve traiciones de parte y parte) la vieja dirigencia se está retirando del escenario de la historia. Porque ellos sólo supieron gobernar por la violencia desde cuando le impidieron a Gaitán ascender al poder.
Votaré Sí, sintiéndome hermano de los que votan No, y dispuesto a aceptar el veredicto de la democracia, aunque no ignoro que estamos en un régimen de precaria legitimidad.
Ya será ganancia que de este trance no salga Colombia enemistada (algunos pocos lo están ya) sino convencida de que necesitamos otra dirigencia, no de personas sino de ideas; que la paz está lejos y que depende de un poderoso cambio de agenda, que no nos lo ofrecerán ni el uribismo ni el santismo. El país lleva demasiado tiempo en manos de los Laureanos, en su forcejeo con los Santos y con los Lleras, y siempre con algún Gaviria sentado por ahí esperando su turno.
Mientras tanto las multinacionales hacen su agosto, el negocio de la droga prolifera, las mineras arrasan los páramos, los ríos sagrados agonizan, el desierto está creciendo, y los políticos sólo piensan en sí mismos.
Sólo un movimiento social nuevo, que ame esta tierra nuestra, que busque de verdad la reconciliación, que quiera verdadera justicia preventiva, es decir, justicia social, que incluso les dé una nueva oportunidad a los que nunca la tuvieron; que ponga el agua, los bosques, las energías limpias y el final de la pobreza en el primer lugar de la agenda, y que ponga a Colombia en el planeta, podrá pasar la página del país de las guerras que se bifurcan, y empezar a construir el país grande que todos sabemos que existe, que existe y que espera, el país de la Franja Amarilla.
Tomado de El Espectador: http://www.elespectador.com/opinion/votar-si-hora-de-franja-amarilla
24 agosto 2016
18 enero 2016
El salario en Cuba: los falsos paradigmas y la terca realidad
Pedro Monreal González 11/01/2016
Cuba es un país de trabajadores asalariados y la flexibilización del régimen de propiedad que ha tenido lugar como parte de la “actualización” no ha modificado esa circunstancia. La visión de una Cuba que pudiera transformarse en una nación de prósperos emprendedores privados es una quimera. La gran mayoría de la gente en edad laboral del país trabaja con la aspiración de poder recibir un salario –estatal o privado– que les permita cubrir sus necesidades. No hay nada misterioso ni complejo en el asunto. Leer más
06 marzo 2015
La Globalización Incompleta
Por: Alberto Romero y Mary Vera
Resumen
Resumen
El objetivo de este artículo es analizar el proceso de globalización, sus determinantes y los factores que limitan sus alcances. Metodológicamente, el trabajo se basa en una exhaustiva revisión documental crítica sobre el tema, complementada con el análisis de indicadores macroeconómicos de diferentes países. Los resultados muestran la creciente desigualdad económica y social entre las regiones, en el marco de un proceso globalizador basado en un patrón de acumulación capitalista, que tiende a profundizar esos desequilibrios. La globalización se caracteriza como incompleta, por el despliegue limitado de su potencial para lograr una distribución más equitativa y sustentable no solo en lo económico, sino también en las esferas científica, tecnológica, ambiental, política y social. Leer más
Las Empresas Transnacionales y los Países en Desarrollo
Por: Alberto Romero y Mary Vera
El análisis del papel de las ETN en el contexto global de la economía se ha vuelto recurrente, debido a su creciente protagonismo e importancia. Las ETN se han convertido en una poderosa fuerza, capaz de influir no solo en el comportamiento de los flujos comerciales y financieros mundiales, sino también en la orientación de las políticas socioeconómicas de los países en desarrollo y en su modelo de inserción en la economía internacional. Leer más
28 enero 2015
Cuba: crisis, globalización y giro al mercado
Tomado de Argenpress.info
Enero 28 de 2015
Rolando Astarita
El acuerdo entre
Estados Unidos y Cuba, anunciado el 17 de diciembre, dispone, entre otras
medidas, la normalización de las relaciones diplomáticas, la ampliación de los
permisos de viajes desde Estados Unidos; la autorización de transacciones
financieras entre ambos países (por lo cual las instituciones financieras de
Estados Unidos podrán abrir cuentas en las instituciones cubanas); la
autorización para vender productos informáticos y la ampliación del acceso a
Internet para los cubanos; y el aumento de la lista de productos que las
empresas estadounidenses pueden exportar a Cuba, o los estadounidenses llevarse
desde Cuba. Además, Obama propone al Congreso de Estados Unidos levantar el
bloqueo. En esta nota presento algunas reflexiones sobre el significado de este
acuerdo en relación a la situación de la isla y la política que está
implementando la dirección del Partido Comunista cubano. Dada su extensión, he
dividido la nota en varias partes.
Una
línea tendencial
La primera cuestión a
tener en cuenta es que el acuerdo de diciembre se inscribe en la misma línea
tendencial que se desarrolla desde hace más de tres décadas: la transformación
de regímenes económico-sociales burocráticos, no capitalistas, en economías
capitalistas. La lista es conocida: China, Vietnam, la ex URSS, los países de
Europa del Este, Albania. Todos estos países hoy están integrados al mercado
mundial capitalista, y sus economías son capitalistas. La idea que se
desarrolla en esta nota es que la dinámica de Cuba se ubica en esta línea
tendencial, pero con la particularidad de que el viraje hacia el mercado ha
comenzado más tarde, se ha dado de manera no lineal, y ha sido más lento y
controlado por el Estado. Es que cuando se produjo la caída de la URSS, y la
economía de Cuba cayó en una profunda depresión entre 1989 y 1993, la respuesta
del gobierno fue endurecer el control estatal. Por eso, a comienzos de los
1990, Cuba se movía en sentido opuesto al resto de los países del ex bloque
soviético, que por ese entonces se transformaban rápida y abiertamente en
capitalismos. Ver artículo completo
13 agosto 2014
Los matones del copyright
Los matones del copyright
Por Naomi Klein
En épocas remotas, las marcas sobre los seres humanos se solían
hacer con hierros candentes. Hoy los dueños del hierro se han
sofisticado hasta el punto de que pronto habrá que pedir permiso para
llamarse McDonald, como cualquier lechero escocés. No logo, el
ibro de Naomi Klein publicado por editorial Paidós, hace un apasionante
y polémico recorrido por el intrincado mundo de las marcas. He aquí un
anticipo.
Después de que en 1999 los ataques aéreos de la OTAN fueran respondidos
en Serbia con conciertos de rock donde adolescentes tocados con gorras
de los Chicago Bulls quemaban desafiantes la bandera estadounidense,
pocos tendrían la ingenuidad de repetir el gastado refrán de que MTV y
McDonald’s llevan la paz y la democracia al mundo. Sin embargo, lo que
se hizo evidente en aquellos momentos en que la cultura pop trascendía
la división provocada por la guerra era que, aun cuando no exista ningún
otro terreno cultural, político o lingüístico común, los medios
occidentales de información habían logrado cumplir la promesa de crear
el primer léxico mundial de imágenes, de música y de íconos. Aunque no
coincidamos en nada más, casi todo el mundo sabe que Michael Jordan es
el mejor jugador de béisbol que ha existido nunca.
Esto puede parecer un logro de poca monta comparado con los ambiciosos discursos sobre la “aldea global” que se oyeron cuando cayó el comunismo, pero es un logro bastante vasto para haber revolucionado tanto la producción del arte como las prácticas políticas. Las referencias verbales o visuales a las comedias televisivas, a los personajes del cine, a los eslóganes publicitarios y a los lagos de las empresas han llegado a ser el instrumento más eficaz que poseemos mas para comunicarnos entre las culturas, un click fácil e instantáneo. La profundidad que ha alcanzado esta forma de marca comercial impuesta a la cultura quedó bien visible en marzo de 1999, cuando estalló un escándalo a raíz de un popular texto escolar que se usa en las escuelas públicas estadounidenses. El texto de matemáticas de sexto grado estaba lleno de menciones y de fotografías de conocidos artículos comerciales: de zapatillas deportivas Nike y de productos de McDonald’s y de Gatorade. En cierto punto se enseñaba a los alumnos a calcular los diámetros con una golosina Oreo. Como era de esperar, los padres se pusieron furiosos contra este nuevo hito de la comercialización de la educación; parecía un libro pagado por las empresas. Pero McGraw-Hill, la editora del libro, insistía en que los críticos se equivocaban. “Hay que trabajar con las cosas que la gente conoce bien, para que se dé cuenta de que las matemáticas están en el mundo que les rodea”, explicó Patricia S. Wilson, una de las autoras del texto. Las referencias a las marcas no eran anuncios pagados, dijo, sino un intento de hablar a los alumnos sobre sus propios elementos de referencia y en su propio idioma; en otras palabras, de hablarles en el idioma de las marcas1. Leer más
Esto puede parecer un logro de poca monta comparado con los ambiciosos discursos sobre la “aldea global” que se oyeron cuando cayó el comunismo, pero es un logro bastante vasto para haber revolucionado tanto la producción del arte como las prácticas políticas. Las referencias verbales o visuales a las comedias televisivas, a los personajes del cine, a los eslóganes publicitarios y a los lagos de las empresas han llegado a ser el instrumento más eficaz que poseemos mas para comunicarnos entre las culturas, un click fácil e instantáneo. La profundidad que ha alcanzado esta forma de marca comercial impuesta a la cultura quedó bien visible en marzo de 1999, cuando estalló un escándalo a raíz de un popular texto escolar que se usa en las escuelas públicas estadounidenses. El texto de matemáticas de sexto grado estaba lleno de menciones y de fotografías de conocidos artículos comerciales: de zapatillas deportivas Nike y de productos de McDonald’s y de Gatorade. En cierto punto se enseñaba a los alumnos a calcular los diámetros con una golosina Oreo. Como era de esperar, los padres se pusieron furiosos contra este nuevo hito de la comercialización de la educación; parecía un libro pagado por las empresas. Pero McGraw-Hill, la editora del libro, insistía en que los críticos se equivocaban. “Hay que trabajar con las cosas que la gente conoce bien, para que se dé cuenta de que las matemáticas están en el mundo que les rodea”, explicó Patricia S. Wilson, una de las autoras del texto. Las referencias a las marcas no eran anuncios pagados, dijo, sino un intento de hablar a los alumnos sobre sus propios elementos de referencia y en su propio idioma; en otras palabras, de hablarles en el idioma de las marcas1. Leer más
29 julio 2014
13 julio 2014
La “tercera vía” sí existe: es un discurso de encubrimiento
Un texto polémico y vertical sobre las verdades a medias, las falacias y las mentiras de esa “tercera” vía que no existe en el mundo real sino en los discursos de derecha. No al capitalismo rampante o encubierto, pero también no al socialismo caduco.
Rodolfo ArangoTomado de Razón Pública
7 de julio de 2014
Hegemonía de un modelo
La Tercera Vía ha dado de que hablar en los últimas semanas. De ella
hacen eco medios y columnistas proclives a élites sociales y otrora
dirigentes mundiales, sin importar lo desprestigiados que estén en sus
propios países.
Vale la pena hacer algo de claridad sobre el tema: la Tercera Vía no es
la supuesta alternativa al capitalismo y al socialismo, como se quiere
presentar. Más bien se trata de un discurso de encubrimiento del
capitalismo hoy hegemónico y sólo desafiado por el terrorismo y el
radicalismo islámico.
Hasta el presente no existe una alternativa a las formas y relaciones de producción que representan el capitalismo y el comunismo.
En su fase más aguda y avanzada, el capitalismo corporativo
transnacional ha mostrado una efectividad prodigiosa. Para probar este
aserto baste con mencionar las políticas económicas, laboral y social,
que ya no son formuladas “democráticamente” a nivel nacional: ellas son
impuestas por instancias internacionales, incluso de carácter privado,
que deciden el destino de los pueblos sin que sus integrantes lleguen
siquiera a enterarse.
¿O acaso cree alguien que fueron el partido de la U, el otrora
“glorioso” partido liberal y el “benemérito” partido conservador los que
en representación del pueblo colombiano aprobaron la flexibilización
laboral, y no organismos internacionales siguiendo la cartilla del
consenso de Washington?
El mercado y el Estado
Hasta el presente no existe una alternativa a las formas y relaciones
de producción que representan el capitalismo y el comunismo. Diversas
alternativas están sobre el tapete, pero sólo a nivel teórico. Baste
mencionar una: el socialismo de mercado, que garantiza la propiedad
privada de los bienes de consumo, pero no de los medios de producción;
en su versión más actual, acepta incluso que estos últimos y la fijación
de precios sean determinados por el mercado, pero bajo planificación
del gobierno y con participación de los trabajadores en la
administración y ganancias de las empresas.
La tal Tercera Vía carece de un modelo de formas y relaciones de
producción distinto de de las dos opciones que dice querer superar. Se
trata de una típica hipóstasis del discurso con la realidad: se
pretende crear nuevas realidades fácticas vía discursos, reemplazando
hechos con palabras.
Con su fórmula “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea
necesario”, la Tercera Vía de Santos encubre la realidad del libre
comercio internacional, legal e ilegal, en beneficio de grandes
conglomerados, por lo general privados, en procura de crecientes
capitales con destino a paraísos fiscales (black pool). Bajo el uso de
las expresiones “posible” y “necesario”, afloran los prejuicios de sus
promotores: el mercado es sinónimo de libertad, el Estado de lo
contrario.
Otro sería el paseo si la fórmula fuese “tanto Estado como sea posible,
tanto mercado como sea necesario”: Esto en atención a que vivimos en un
país inculto adverso a la ley y amigo del atajo.
Con este fácil juego de palabras, los tecnócratas de derecha buscan
maximizar el mercado y minimizar el Estado, sinónimo de ineficiencia,
corrupción y arbitrariedad. Se obedece así la cartilla neoliberal, con
sus recetas de desregularización de la economía, privatización de
funciones, entidades y bienes públicos y reducción del Estado, pese a
sus devastadores efectos sobre la desigualdad, la equidad y la
solidaridad social.
La muerte del socialismo
En su versión benigna, la Tercera Vía parte de supuestos errados, a
semejanza de Fukuyama con el efímero “fin de la historia” y de las
ideologías.
Uno de tales supuestos es creer que el marxismo como utopía
emancipadora ha perecido, sepultada por el fracaso del comunismo
soviético o del socialismo chavista del siglo XXI. Pero con estos
ejemplos se confunden experiencias históricas, por cierto fallidas e
inaceptables dada su negación del pluralismo étnico, cultural, de
género, político o religioso, con la búsqueda de verdaderas alternativas
a formas y relaciones de producción que perpetúan la dominación.
La superficialidad del debate se hace patente cuando se centra
simplemente en la condena al totalitarismo o en la exaltación de la
libertad como motor de la motivación, innovación o productividad.
Detrás del eslogan
Pero no todo es superficial o benigno en el discurso encubridor de la Tercera Vía.
Un dogmatismo fanático trasluce en la pepa de su raciocinio
instrumental, propio de la actual clase política gobernante: óptimos de
Pareto, condiciones de Samuelson, etc., son formas de reducir las
grandes decisiones políticas, económicas y sociales sobre democracia,
guerra, soberanía o relaciones internacionales, a problemas de
eficiencia, como si la idea de la utilidad gobernara al ser humano y no
al contrario.
El “unilateralismo” del análisis económico, que desecha variables y
simplifica la complejidad del contexto cultural y político en su
metodología para modelar matemáticamente, resulta tan totalitario como
el pensamiento colectivista que dice combatir. La privatización de la
salud, la educación y la justicia, por presuntas razones de eficiencia,
evidencia la ideología de derecha latente bajo la máscara
socialdemócrata.
El discurso de la Tercera Vía complementa al discurso de la paz. Con su
medianía y su mezcolanza pretende ser social pero de paso coopta, anula
el disenso y liquida la democracia. Dineros públicos y privados
seguirán fluyendo para mantener el estado de cosas, impedir la
democratización y entronizar la corrupción. Mientras tanto, las grandes
reformas al régimen territorial, de tierras, de poder político y de
garantías a la oposición seguirán siendo imposibles, en buena parte por
ser incompatibles con los negocios internacionales. La corrupción y la
guerra, modus operandi del capitalismo transnacional, se encargarán de
aportar su cuota de terror, también necesaria para reactivar el aparato
productivo y controlar la población mundial.
La verdadera tercera vía
Desafíos más dignos de discutir en la búsqueda de alternativas reales
al capitalismo y al comunismo soviético o al socialismo castro-chavista
se centran, por ahora, en el análisis de la libertad.
Tanto el historiador Quentin Skinner, con su defensa de un tercer
concepto de libertad, como el filósofo Philip Pettit, con su propuesta
de “libertad como no dominación”, ofrecen perspectivas republicanas más
enriquecedoras que las de la Tercera Vía para analizar los alcances y
límites de la libertad.
No debe desanimarnos que hoy predominen el capitalismo transnacional y
su mancorna, el pensamiento posmoderno. Por el contrario, la debilidad
teórica de su reencauche debe animarnos, puesto que ella no podrá
superar el culto al mercado, el avance del militarismo y de la
corrupción (como acaban de mostrarlo los manejos oscuros
de Tony Blair en su gestión como “enviado de paz” a Oriente Medio), o
el aumento del fanatismo religioso como consecuencia de intervenciones
humanitarias con fines económicos.
Desenmascarado el discurso de cooptación política que acompañará el
segundo periodo presidencial de Santos, queda abierta la pregunta de
cómo construir un orden internacional verdaderamente republicano, en el
cual las potencias extranjeras abandonen su mentalidad colonialista y
explotadora de naciones “inferiores” o subordinadas.
Afloran los prejuicios de sus promotores: el mercado es sinónimo de libertad, el Estado de lo contrario.
Al igual que una constitución republicana parte de la libertad, la
igualdad y la solidaridad entre sus ciudadanos, el orden político
internacional debe reconstruirse sobre condiciones de igualdad real que
tengan en cuenta la injusticia histórica del colonialismo y las nuevas
formas de su resurgimiento.
En la exploración de alternativas es importante volver a los clásicos
del pensamiento, a la lectura, al debate crítico, para combatir la
estrategia televisiva transnacional de embrutecimiento, con el espejismo
de vivir bien porque se participa visualmente de la vida de los otros.
“Realities” que acercan a la audiencia anónima a similares del género
humano y les permiten, por un momento, gozar de una gloria personal
prestada. O enlatados empobrecedores, como si todos tuviéramos derecho a
una cuota de estupidez en el mundo.
Por el momento no existen alternativas al capitalismo imperante y al comunismo caduco. Pero eso no debe incomodarnos.
Por el contrario, debería animarnos el hecho de poder detectar las
manipulaciones a las que estamos sometidos con el pensamiento único de
una derecha activa y militante, de múltiples rostros, dispuesta a
arrasarlo todo y a todos con su pathos tanatológico.
El aporte para una transformación radical podría venir de una
izquierda crítica y reflexiva, no una cooptada y confundida que cree
necesario acoger el discurso de unanimidad para tener una opción sobre
la tierra. La emancipación del género humano es una utopía vigente, al
igual que lo es la búsqueda de formas y relaciones de producción
sensibles a las diferencias y respetuosas de otros seres vivos. Si
persistimos en este difícil trabajo de domesticar la política nacional y
mundial estaremos dando pasos en la dirección correcta
13 junio 2014
El materialismo dialéctico y el voto
por Juan Manuel López Caballero
Revista Dinero, 13 de junio de 2014
Si algo ha caracterizado la
actividad política en Colombia en tiempos recientes ha sido la ausencia
del debate ideológico; o sea, de lo que debería ser el fundamento y la
columna vertebral de las decisiones que después por la vía electoral se
plasmen. Se puede decir que los planteamientos de 'izquierda'
desaparecieron o se volvieron impresentables en la medida en que se
consideró que quien los representaba era la guerrilla; y por eso mismo
tampoco evolucionó a nivel analítico y teórico la comprensión de lo que
significó la adopción del modelo neoliberal dentro de nuestro proceso
histórico. Leer más
25 mayo 2014
Colombia es una cenicienta que quiere ir al baile de los países desarrollados
Rodolfo Llinás, uno de los científicos más importantes del país, critica un sistema educativo que no respeta a los niños y no les enseña lo que necesitan.
Entrevista realizada por Semana
SEMANA: Usted lleva 52 años fuera de Colombia, pero nunca ha faltado a una cumbre como la que se realizó esta semana para hablar de educación. ¿Por qué?
RODOLFO LLINÁS: Es muy sencillo, es mi patria. La
recuerdo con enorme cariño. La patria es como la primera novia que uno
tiene: totalmente inolvidable.
SEMANA: ¿Y entonces por qué se fue?
R. LL.: Porque no había posibilidades en Colombia.
SEMANA: ¿Posibilidades para hacer qué?
R. LL.: Para la ciencia, que era lo que yo quería hacer.
SEMANA: ¿Y cree que hoy, 52 años después, sí hay esas posibilidades?
R. LL.: No. Hay muy pocas. Mucha de la gente que
va a especializarse y regresa tiene que devolverse, porque en Colombia
no hay posibilidades. Otros acaban teniendo un trabajo en el que no
practican lo que estudiaron y muchos terminan de políticos o haciendo
otras cosas. ¿Imagínese uno de físico qué puede hacer aquí?
SEMANA: ¿Cómo lee a un país que no valora la ciencia ni a sus científicos?
R. LL.: Es un país que está retrasado
intelectualmente. Un país no valora la ciencia porque nadie les ha
enseñado a sus ciudadanos su valor. Y si los dirigentes no lo entienden,
es porque no les interesa. A muchos lo único que les importa es tener
dinero, tener viejas, tener poder.
SEMANA: Usted viene en un momento muy importante para este
debate. Muchos dicen que la educación en Colombia está en crisis. ¿Qué
piensa?
R. LL.: Yo creo que no hay ninguna crisis. Una
crisis ocurre cuando algo malo pasa. Pero cuando es crónico ya no es
crisis. Es simplemente el estado triste de Colombia. Cuando hicimos la
reunión de los sabios yo dije: “Colombia es una Cenicienta que quisiera
ir al baile de los países desarrollados”.
SEMANA: ¿Qué quería decir con eso?
R. LL.: Cualquier otro grupo humano daría lo que
fuera por tener la tierra colombiana. ¿Se imagina? Con dos océanos, con
agua dulce, con todo prácticamente… La vida en Colombia es demasiado
fácil. No hay invierno, la gente no se muere de desnutrición. Hay una
frase en inglés que describe eso: “Such is life in the tropics” (“Así es
la vida en el Trópico”). Por eso yo siempre he dicho que Colombia tiene
mejor tierra que gente.
SEMANA: Esa es una frase muy cruda...
R. LL.: No lo es. Colombia tiene una posición
fantástica en el globo terráqueo. Pero la gente que vive ahí,
precisamente porque vive en un lugar fantástico, no tiene que competir
para vivir. Salen y se comen su plato de comida sin problema. Entonces
la gente cree que la vida es para gozar.
SEMANA: Y si no es para gozarla, ¿para qué es?
R. LL.: No es para gozarla, es para pensar, que es
una manera más sofisticada de gozar. Es decir, a mí me parece sumamente
interesante que la gente lo quiera, como me decía un amigo, es “rumbear
todo el tiempo”. ¡Qué cosa tan aburrida! No podemos pasárnosla de cha,
cha, cha hasta la muerte.
SEMANA: ¿Y usted por qué cree que queremos solo vivir para rumbear?
R. LL.: Porque no hay educación.
SEMANA: Se cumplen 20 años de esa Misión de Sabios que reunió a los más importantes intelectuales del país, incluido Gabriel García Márquez, a hablar de educación. ¿Qué balance tiene de ese esfuerzo?
R. LL.: Hicimos gran cantidad de libros; yo
escribí uno que se llama El Reto. Llegamos a toda clase de conclusiones
que nunca nadie leyó. Se habló de que se invirtiera en ciencia y
tecnología por lo menos el 1 % del PIB y que lo deseable era que fuera
más. Hoy esa inversión no alcanza a ser ni el 1 % que deseábamos en esa
época.
SEMANA: ¿Qué más siente que falta por hacer?
R. LL: Primero hay que reconocer la importancia de
la educación. Colombia no será nada hasta que no eduque su gente. El
problema siempre ha sido que no se optimiza a los individuos, no se les
da la posibilidad de llegar a lo mejor que pueden ser. Eso solo se logra
con educación, pues al fin y al cabo esta se trata simplemente de
optimizar las capacidades cerebrales. ¿Cómo hacemos para optimizar? Hay
que trabajar más porque la gente entienda, que la gente sepa algo. El
saber es simplemente poder poner en contexto lo que uno sabe.
SEMANA: Usted ha dicho que la educación es tan necesaria como el agua…
R. LL: Sí. La educación más que importante es
esencial. Si no se le da al cerebro la capacidad de optimizar seremos
individuos de segunda clase que no alcanzamos todo lo que podíamos ser.
La ventaja de la educación es que si se hace bien mejora la calidad del
individuo, por eso digo que es como el agua o una buena comida.
SEMANA: ¿Cree que los niños y niñas colombianos tienen hoy un buen menú en ese sentido?
R. LL: El problema con los niños es que no los
quieren, no los respetan y no les ponen atención. Los niños sí saben lo
que quieren, pero esto es muy distinto a lo que les dan en la escuela.
Entonces hay rebeldía intelectual, no aprenden, se jartan. Se requiere
una postura diferente del sistema de educación que entienda que los
niños son seres pensantes y sumamente inteligentes. Hay que saber qué es
lo que les gusta, porque lo que les gusta es lo que saben hacer mejor.
SEMANA: Si tuviera que hacer un diagnóstico de los problemas de la educación en Colombia, ¿cuáles serían sus conclusiones?
R. LL: Para mí, el problema es de la metodología y
de la estructura de los profesores. Los profesores quieren tener una
posición no de guía, sino de maestros en donde solamente ellos mandan.
Son ellos quienes les dicen a los niños qué tienen que aprender y si
pasan o no pasan. Así es imposible. No son instructores, sino personas
que quieren tener poder, poder de rajar y de expulsar de la escuela.
SEMANA: ¿Y la metodología?
R. LL: Es muy sencillo. Tiene que ver con los
cursos y las cosas que se enseñan: geografía sin historia, matemáticas
sin geografía. Se enseñan cosas por separado. ¿De dónde sale la
geometría si no hay un contexto histórico? Lo único que importa es
saberse las propiedades de los triángulos para obtener una nota.
SEMANA: ¿Cómo debería ser entonces?
R. LL: ¿Para qué sirven los triángulos? Por
ejemplo, los mayas, los aztecas, los egipcios hicieron pirámides. Si las
miramos, encontramos que están preciosamente organizadas con respecto
al universo. ¿Cómo hicieron para construir eso? Se requieren tres cosas:
las líneas rectas, una piola y un peso. Nada más. Entonces para esas
culturas la geometría era una herramienta para hacer agricultura. Cuando
uno entiende así, todo es muy diferente. La escuela enseña la ubicación
de los ríos, pero jamás explica la importancia del agua. Somos un baúl
repleto de contenidos, pero vacío de contexto. De ahí nuestra dificultad
para aplicar el conocimiento en la realidad.
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