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28 mayo 2013

El paquete Monsanto al descubierto




Obtenido de: Ecoportal

http://www.ecoportal.net/Videos/Reverdecer._El_paquete_Monsanto_al_descubierto

Mayo 28-13


26 mayo 2013

ESPEJISMOS DEL TLC

ELESPECTADOR.COM

 

 

Opinión | Sab, 05/25/2013 - 23:00

Espejismos del TLC

Por: Eduardo Sarmiento | Elespectador.com

El Gobierno y la Embajada de los Estados Unidos celebraron el primer año del TLC. Con base en la información de macrorruedas y ferias, anuncian la entrada de empresas y productos al mercado estadounidense. Al igual que ocurrió con la apertura económica y con la Ley 100, las reformas no se estudian ni se siguen objetivamente.

La información del primer año que siguió a la entrada en vigencia del tratado contradice todos los vaticinios oficiales sobre empleo, modernización y balanza de pagos. En el último año no se ha creado ni un solo empleo, la industria revela el peor desempeño de los últimos cinco años, la agricultura no sale del marasmo, las exportaciones caen 20% y las de Estados Unidos, 30%.
La relación de Colombia con EE.UU. tiene similitudes con la de los países periféricos de Europa y Alemania. El euro se concibió en la creencia de que todos los países de la unión enfrentan condiciones semejantes. Hasta ahora se han venido a reconocer las asimetrías. La crisis de Europa no se originó en las políticas internas, sino en el aumento de la productividad de Alemania acompañado de la restricción salarial. Los países periféricos experimentaron déficits en cuenta corriente, que en un principio se compensaron con endeudamiento y déficits fiscales, pero luego, en un monumental error histórico, fueron obligados a sustituirlos por medidas de austeridad que los precipitaron a la recesión y el desempleo.
Todo esto ha venido a corroborar el error de los acuerdos comerciales entre países de diferente nivel de desarrollo, más dentro de la moneda única. A la luz de la teoría de la ventaja comparativa, que se fundamenta en la creencia de que todos los países se especializan en los bienes que tienen esta propiedad, se presume que las economías de menor desarrollo pueden soportar la competencia sin mayores modificaciones de los salarios y el tipo de cambio. El mito se derrumba cuando se advierte que en la actualidad el superávit en cuenta corriente de Alemania asciende a 6% del PIB y supera en tres veces el déficit del resto de la zona. El pez grande se come el chico.
El país no sólo presumió que estaba en las mismas condiciones de EE.UU. sino que le dio todo tipo de ventajas. Así, Colombia bajó los aranceles cuatro veces más que EE.UU. y estos mantuvieron los subsidios a la agricultura. En todos los estudios previos realizados en los dos países se anticipaba que las importaciones colombianas se incrementarían mucho más que la exportaciones. Luego, el país entró en el TLC con la industria y la agricultura desmanteladas, el déficit en cuenta corriente de 7% del PIB en términos reales y el tipo de cambio revaluado.
En el último año se presentó un rápido deterioro de la competitividad con dimensiones destructivas en las confecciones, textiles y autopartes, y amenaza con extenderse. El consumo y las utilidades empresariales quedaron a cuenta de las importaciones que socavaban la producción y el empleo, lo que no era sostenible. La economía cayó en la senda de crecimiento de 2% sin empleo. Se configuró la deficiencia de demanda efectiva ocasionada por el déficit en cuenta corriente.
Estamos ante el fracaso de la teoría de ventaja comparativa que inspiró la apertura, el euro y los TLC. La resistencia de los gobernantes y pensadores a reconocer esta realidad y modificar el modelo económico ha desatado un proceso de difícil retorno. Las economías de menor desarrollo, como la colombiana, quedan asediadas por los déficits en cuenta corriente y la desindustrialización.

16 abril 2013

EL FRAUDE DE LOS TEXTOS DE ECONOMÍA




Real World Economics Review
http://rwer.wordpress.com/2013/04/16/economics-textbooks-decades-of-scientific-fraud-and-incoherence/

Economics textbooks – decades of scientific fraud and incoherence
From: Lars Syll
Consulta: abril 16-13

As is well-known, Keynes used to criticize the more traditional economics for making the fallacy of composition, which basically consists of the false belief that the whole is nothing but the sum of its parts. Keynes argued that in the society and in the economy this was not the case, and that a fortiori an adequate analysis of society and economy couldn’t proceed by just adding up the acts and decisions of individuals. The whole is more than a sum of parts. This fact shows up already when orthodox – neoclassical – economics tries to argue for the existence of The Law of Demand – when the price of a commodity falls, the demand for it will increase – on the aggregate. Although it may be said that one succeeds in establishing The Law for single individuals it soon turned out – in the Sonnenschein-Mantel-Debreu theorem firmly established already in 1976 – that it wasn’t possible to extend The Law of Demand to apply on the market level, unless one made ridiculously unrealistic assumptions such as individuals all having homothetic preferences – which actually implies that all individuals have identical preferences.
This could only be conceivable if there was in essence only one actor – the (in)famous representative actor. So, yes, it was possible to generalize The Law of Demand – as long as we assumed that on the aggregate level there was only one commodity and one actor. What generalization! Does this sound reasonable? Of course not. This is pure nonsense!
How has neoclassical economics reacted to this devastating findig? Basically by looking the other way, ignoring it and hoping that no one sees that the emperor is naked.
Having gone through a handful of the most frequently used textbooks of economics at the undergraduate level today, I can only conclude that the models that are presented in these modern neoclassical textbooks try to describe and analyze complex and heterogeneous real economies with a single rational-expectations-robot-imitation-representative-agent.
That is, with something that has absolutely nothing to do with reality. And – worse still -something that is not even amenable to the kind of general equilibrium analysis that they are thought to give a foundation for, since Hugo Sonnenschein (1972) , Rolf Mantel (1976) and Gerard Debreu (1974) unequivocally showed that there did not exist any condition by which assumptions on individuals would guarantee neither stability nor uniqueness of the equlibrium solution.
So what modern economics textbooks present to students are really models built on the assumption that an entire economy can be modeled as a representative actor and that this is a valid procedure. But it isn’t, as the Sonnenschein-Mantel-Debreu theorem irrevocably has shown.
Of course one could say that it is too difficult on undergraduate levels to show why the procedure is right and to defer it to masters and doctoral courses. It could justifiably be reasoned that way – if what you teach your students is true, if The Law of Demand is generalizable to the market level and the representative actor is a valid modeling abstraction! But in this case it’s demonstrably known to be false, and therefore this is nothing but a case of scandalous intellectual dishonesty. It’s like telling your students that 2 + 2 = 5 and hope that they will never run into Peano’s axioms of arithmetics.
For almost forty years neoclassical economics itself has lived with a theorem that shows the impossibility of extending the microanalysis of consumer behaviour to the macro level (unless making patently and admittedly insane assumptions). Still after all these years pretending in their textbooks that this theorem does not exist – none of the textbooks I investigated even mention the existence of the Sonnenschein-Mantel-Debreu theorem – is outrageous.

09 diciembre 2012

Hágame el hijue... favor de cobrarme más impuestos

Hágame el hijue... favor de cobrarme más impuestos

Actualmente se prepara una importante reforma tributaria en Colombia. Convendría que nuestros padres de la patria leyeran lo que un distinguido (y rico) novelista tiene que decir al respecto.

Tomado de: El Malpensante.com
 
 http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2562&pag=2&size=n



Chris Christie podrá ser gordo, pero no es Papá Noel. Es más, a veces parece incapaz de decidir si es el gobernador o el caporegime de Nueva Jersey, y el que su mala educación sea a menudo considerada encantadora podría leerse como un indicador de la creciente aspereza del discurso norteamericano. En febrero, mientras se discutía la recientemente enmendada ley del impuesto sobre la renta de Nueva Jersey, que permite a los ricos pagar (proporcionalmente) menos impuestos que la clase media, le preguntaron a Christie su opinión en torno a lo afirmado por Warren Buffett en el sentido de que no es justo que su secretaria personal pague más impuestos federales sobre la renta que él. Con el ímpetu que lo caracteriza, Christie respondió: “Debería llenar un cheque y callarse… Estoy cansado de ese tipo de comentarios. Si quiere darle más plata al gobierno, él es capaz de llenar un cheque. Que lo haga”.

Ya había escuchado ese argumento. En un mitin en Florida (para apoyar los contratos colectivos de trabajo y defender el punto de vista socialista según el cual despedir profesores experimentados no es tan buena idea), dije que yo pagaba impuestos por un monto equivalente a más o menos el 28% de mis ingresos. Mi pregunta era: “¿Por qué no estoy pagando el 50%?”. En esa ocasión, no fue el gobernador de Nueva Jersey quien respondió a tan radical idea –probablemente estaba muy ocupado comiendo queso en el bufé todo-lo-que-puedas-comer de Applebee’s, Nueva Jersey–; sin embargo muchas personas con la misma forma de pensar de Christie lo hicieron.
“Llene un cheque y cállese”.
“Si quiere pagar más, pague más”.
“Estamos cansados de escuchar lo mismo”.

De malas, muchachos, yo no me he cansado de hablar del tema. He conocido tipos ricos –¿por qué no?, después de todo yo también soy rico– y la mayoría preferiría echarse gasolina en el pene, prender un fósforo y bailar cantando “Disco Inferno”, antes que pagarle al Tío Sam un centavo más por impuestos. Es cierto que algunos invierten al menos parte de su ahorro fiscal en contribuciones de caridad. Mi esposa y yo donamos alrededor de cuatro millones de dólares anuales a bibliotecas, cuerpos de bomberos que necesitan actualizar sus equipos para salvar vidas (las tenazas hidráulicas son siempre una petición popular), escuelas y diversas organizaciones que apoyan las artes. Warren Buffett hace lo mismo, y Bill Gates, y Steven Spielberg y los hermanos Koch, y también el fallecido Steve Jobs. Muy bien, pero no es suficiente.

Ese 1% caritativo no puede asumir las responsabilidades de Estados Unidos como nación: el cuidado de sus enfermos y sus pobres, la educación de sus jóvenes, la reparación de las fallas en su infraestructura, el pago de sus asombrosas deudas de guerra. La caridad de los ricos no puede solucionar el calentamiento global o reducir el precio de la gasolina, ni siquiera en un centavo. Ese tipo de salvación no viene de que Mark Zuckerberg o Steve Ballmer digan: “Listo, voy a enviar un cheque adicional por dos millones de dólares a la agencia de recaudación de impuestos”; esa molesta responsabilidad recae en dos palabras que son el anatema de los seguidores del Tea Party: ciudadanía estadounidense.

¿Por qué no nos ponemos serios al respecto? La mayoría de los ricos que pagan impuestos del 28% no destinan el 28% de sus ingresos a la caridad. La mayoría de ellos quieren conservar su dinero; no van por ahí vaciando sus cuentas bancarias y sus portafolios de inversión, sino que los guardan y luego los heredan a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y lo que finalmente regalan –como es el caso de la platica que donamos mi mujer y yo– depende completamente de su criterio. Tal es la esencia de la filosofía del rico: “No nos digan cómo usar nuestro dinero; nosotros les diremos a ustedes cómo hacerlo”.

Los hermanos Koch son un par de tipos desagradables de derecha. Sin embargo, son un par de tipos desagradables de derecha generosos. Para dar un ejemplo, donaron la cantidad nada despreciable de 68 millones de dólares a la Academia Deerfield. Lo cual es maravilloso para la Academia Deerfield, pero no servirá de nada para limpiar el derrame de petróleo en el Golfo de México, donde los pescados usados en la alimentación comienzan a mostrar lesiones negras. Tampoco servirá para implementar regulaciones más fuertes que impidan a la bp (o a cualquier otro grupo despreciable de perforadores petroleros) volver a hacerlo. No reparará los diques de Nueva Orleans, ni mejorará la educación en Mississippi o Alabama. Pero qué diablos, esos campechanos no van a ir nunca a la Academia Deerfield. Que se vayan al carajo si no son capaces de aceptar una broma.

Aquí va otro poco de mierda fresca, cortesía del ala derecha del Partido Republicano –que, hasta donde sé, se ha convertido en la única ala del Partido Republicano–: entre más rica sea la gente, más empleos genera. ¿En serio? Yo tengo una nómina de más o menos sesenta empleados, la mayoría de los cuales trabajan para las cadenas radiales que tengo en Bangor, Maine. Si me gano la lotería del cine y termino siendo uno de los dueños de una película que gana doscientos millones –como ha sucedido algunas veces–, ¿qué haría con ellos? ¿Comprar otra emisora radial? No creo, ya me estoy arruinando con las que tengo. Pero supongan que lo hiciera y contratara doce personas más. Bien por ellos. Maravilloso para el resto de la economía.

A riesgo de repetirme, esto es lo que hacen los ricos cuando se hacen más ricos: invierten. Gracias a las políticas de negocios antiestadounidenses implementadas por las últimas cuatro administraciones, muchas de estas inversiones se hacen en el exterior. ¿No me creen? Busquen la etiqueta de la camiseta o la gorra que tienen puesta. Si dice hecha en estados unidos yo… bueno, no diré que les besaré el trasero porque algunas de esas cosas sí las hacen acá, pero muy pocas. Y lo que se hace acá no lo hace el pequeño grupo de burócratas rechonchos de nuestro país; se hace, en su mayoría, en fábricas que apenas sobreviven en el Profundo Sur, donde los únicos sindicatos en los que creen los individuos son aquellos solemnizados en el altar de la iglesia local (siempre y cuando haya separación de sexos, claro está).

La mayoría de los congresistas de Estados Unidos que se rehúsan siquiera a pensar en aumentar los impuestos a los ricos y berrean como bebés quemados, usualmente en el noticiero de Fox, cada vez que se trae el tema a colación no son multimillonarios (aunque muchos de ellos son millonarios y tienen desde hace mucho dinero como el que se invirtió en la reforma a la salud del gobierno de Obama). Simplemente idolatran a los ricos. No me pregunten por qué, yo mismo no lo entiendo. La mayoría de los ricos son tan aburridos como la mierda vieja de un perro muerto. Sin embargo, tipos como Mitch McConnell, John Boehner y Eric Cantor apenas si pueden controlarse ante ellos. Tanto estos políticos como sus seguidores de derecha tienen la misma reacción que las niñas pequeñas cuando ven a Justin Bieber, al ver a tipos como Christy Walton o Sheldon Adelson: se les salen los ojos y quedan boquiabiertos, mientras de su boca cuelgan babas de adoración. Yo mismo he suscitado esa reacción, a pesar de que apenas soy un rico “bebé” comparado con algunos de esos tipos que flotan con serenidad, como dirigibles hechos de billetes de mil dólares, sobre las vidas de la clase media trabajadora.

En Estados Unidos se sacraliza a los ricos. Incluso Warren Buffett, quien ha sido expulsado del grupo por sus ideas radicales y por hablar con el dinero y no con la boca cuando de patriotismo se trata, llegó a las páginas principales de los periódicos al anunciar que tenía cáncer de próstata en estadio 1. ¡Por Dios, estadio 1! ¡Hay cientos de médicos que pueden curarlo y mandarle la cuenta a su American Express negra! ¡Pero la prensa lo hizo sonar como si se acabaran de caer y despedazar los testículos del papa! ¿Porque se trataba de cáncer? ¡No! ¡Porque era Warren Buffett de Berkshire Hathaway!

Supongo que ese amor desquiciado de la derecha tiene que ver, al menos en parte, con la idea de que en Estados Unidos cualquiera puede volverse Riqui-Ricón si trabaja duro y ahorra sus centavos. Mitt Romney llegó a decir: “Soy rico y no me voy a disculpar por ello”. Nadie quiere que lo hagas, Mitt. Lo que algunos de nosotros queremos –aquellos que no estamos ciegos por cuenta de un montón de sandeces risibles que buscan enmascarar el hecho de que los ricos quieren seguir teniendo su maldito dinero– es que reconozcas que no habrías logrado tener éxito en Estados Unidos sin Estados Unidos. Que tuviste la fortuna de nacer en un país donde la movilidad social es posible (un tema sobre el que Barack Obama puede hablar con la autoridad de la experiencia), pero los canales que hacen que esa movilidad exista están cada vez más obstruidos. Que no es justo pedirle a la clase media que asuma una cantidad desproporcionada del peso de los impuestos. ¿No es justo? Es completamente antiestadounidense, todos deberíamos pagar lo que nos corresponde. Que en nuestras clases de civismo nunca nos enseñaron –lo siento, niños– que ser estadounidense quiere decir estar solo. Que aquellos que han recibido mucho deben tener la obligación de pagar en la misma proporción; no de dar, no de “llenar un cheque y callarse”, en palabras del gobernador Christie, sino de pagar. Eso se llama dar la cara y no lloriquear al respecto. Se llama patriotismo, una palabra que la gente del Tea Party ama decir, siempre y cuando no les cueste ni un centavo a sus amados ricos.

Es algo que debe suceder para que Estados Unidos permanezca fuerte y fiel a sus ideales. Es una necesidad práctica y un imperativo moral. El año pasado, durante el Movimiento de Ocupación, los conservadores que se oponían a la equidad fiscal vieron las primeras muestras reales de descontento. Su respuesta fue la de María Antonieta (“Que coman pasteles”) o la de Ebenezer Scrooge (“¿No hay prisiones? ¿No hay casas de trabajo?”). Qué caballeros tan miopes. Si esta situación no se soluciona con justicia, las protestas del año pasado serán solo el principio. Scrooge cambió de actitud cuando lo visitaron los fantasmas. María Antonieta perdió la cabeza.
Piénsenlo.

29 octubre 2012

EDUCACIÓN PARA COMPETIR






Educación para competir en tiempos de globalización

Disponible en: 
http://www.cid.unal.edu.co/cidnews/index.php/component/content/article/2139/2139.html

¿Cómo competimos internacionalmente cuando ostentamos el puesto 92 entre 138 naciones en calidad, en ciencias y matemáticas, y cuando en el programa Pisa, 38% de los estudiantes ocupa el nivel 1 de 6, y el 70,6% no logra el desempeño mínimo para participar activamente en la sociedad?

Ricardo Mosquera M.
Investigador del CID
Profesor Asociado
Facultad de Ciencias Económicas
Ex rector - Universidad Nacional de Colombia  
Bogotá D.C., 19-oct-2012. La carta de Bolívar a su hermana María Antonia y a los encargados de la educación de su sobrino Fernando Bolívar, escrita hace 191 años, recomendaba: “jamás es demasiado temprano para el conocimiento de las ciencias exactas, porque ellas nos enseñan el análisis en todo, pasando de lo conocido a lo desconocido...”.
“Generalmente, todos pueden aprender la geometría y comprenderla, pero no sucede lo mismo con el álgebra y el cálculo diferencial, se deben aprender los idiomas modernos…”. “Siendo muy difícil apreciar dónde termina el arte y principia la ciencia, si su inclinación lo decide a aprender algún arte u oficio, pues abundan entre nosotros médicos y abogados, pero nos faltan buenos mecánicos y agricultores que son los que el país necesita para adelantar en prosperidad y bienestar” (Bolívar, Cúcuta, 1821).
El visionario Libertador, no especialista en educación, entiende la pertinencia para responder a las necesidades socioeconómicas del país. Pese a la vocación agropecuaria y minera de Colombia, solo un pequeño porcentaje se prepara en áreas estratégicas para su desarrollo.
Del total de matriculados, 1’028.651 en el periodo 2010-2011, solo 2% estudia agronomía y veterinaria, 8% educación, 16% ciencias de la salud, y 2% matemáticas y ciencias naturales; economía, administración y contaduría, 24%; ciencias humanas, 18%, e ingeniería, arquitectura y urbanismo, 27%.
No se desarrolla capital humano en ciencias naturales y exactas que reduzca la brecha tecnológica y científica frente a Estados Unidos, Europa y Japón.
¿Cómo competimos internacionalmente cuando ostentamos el puesto 92 entre 138 naciones en calidad en ciencias y matemáticas (World Economic Forum 2010-2012), o el pésimo desempeño en el programa Pisa 2012, en el que 38% de los estudiantes colombianos ocupa el nivel 1 de 6, y el 70,6% no logra el desempeño mínimo para participar activamente en la sociedad?
Educación Superior
Según el ranking QS World University 2012, la Universidad de los Andes y la Nacional se encuentran entre las mejores 400 del mundo, 335 y 381, respectivamente), y tres latinoamericanas entre las primeras 200: Universidad de São Paulo, Brasil, 139, Unam, México, 146, y Católica de Chile, 195. Aunque mejora la clasificación de las latinoamericanas, la brecha es grande frente a Estados Unidos y Gran Bretaña, con las diez primeras del ranking mundial: Massachusetts Institute of Technology (MIT) (1), Cambridge University (2), Harvard (3), University College London (4), Oxford (5), Imperial College London (6), Yale University (7) y University of Chicago (8). Esta clasificación incluye 700 instituciones de 72 países, mide producción científica, opinión de empresarios sobre calidad de egresados, promedio estudiantes/profesor; publicaciones en textos indexados y calidad de la oferta académica en ingeniería, ciencias naturales y salud. El progreso dependerá de la innovación en disciplinas como ciencias básicas, ingenierías, ciencias naturales, agricultura y TIC.

Nuestro país requiere una reforma académica integral de la educación, un proyecto público para ampliar cobertura y mejorar calidad. La Ley 30 de 1992 creó las bases de la financiación; el SUE buscó “racionalizar y optimizar los recursos humanos, físicos, técnicos y financieros; implementar transferencia de estudiantes, intercambio de docentes, creación o fusión de programas académicos y de investigación conjuntos”.

Compartir una única nómina de profesores de alto nivel (maestrías y doctorados), con experiencia investigativa, escasos en las universidades, y fortalecer programas de interés estratégicos para la nación, en el entendido de que la educación no es un gasto, sino una inversión a largo plazo.
El debate no se debe ideologizar en términos de privatizadores versus estatistas, sino aprender que: “no importa si el gato es blanco o negro, sino si caza ratones’, que para los chinos, respecto a la universidad implica colocar 100 entr,e las 500 mejores del mundo. Hoy, la Universidad de Tsinghua y la de Pekín, están entre las 50 primeras, y de Fudan, está en el puesto 100.
Financiación

La situación financiera de las IES públicas colombianas es crítica. Los aportes de la nación decrecen: la Universidad Nacional, en el 2000, recibió $529.921 millones y por sus rentas propias $195.540 millones (73% y 27%, respectivamente), y en el 2010, los aportes estatales representaron 52% ($654.092), mientras las rentas propias el 48%.
No obstante, aumenta la cobertura en pregrado y posgrado, se atienden estratos sociales bajos (2, 3 y 4), que representan el 80% de la matrícula en el 2012, con programas acreditados de calidad y el mayor número de grupos de investigación, en un campus con edificios derruidos y sin normas de sismorresistencia.

En el ranking latinoamericano, la Universidad Nacional está el puesto 15, La Universidad de los Andes, en el 19, mientras doce universidades brasileñas se encuentran entre las 20 primeras.
¿Qué lugar tiene en Colombia la locomotora de la C&T y educación para competir en tiempos de globalización y TLC?
*Artículo publicado en la edición digital del periódico Portafolio - octubre 18 de 2012.





26 abril 2012

PETRÓLEO, HUMO Y REFLEJOS

Interesante análisis de lo que nos espera con el futuro de esta importante fuente de energía y de la política asociada con el combustible.

09 noviembre 2011

Los baby teachers: hijos del neoliberalismo




Los baby teachers: hijos del neoliberalismo

La ideología del neoliberalismo crea y reproduce los elementos que sustentan esta fase del capitalismo. En la estructura intelectual de esta etapa voraz del capital ofician los profesionales encargados de que funcionen bien los engranajes de la religión del mercado.
Hijos del neoliberalismo –en realidad, neoconservadores–, han sido educados para obedecer, aceptar y aplicar las ordenanzas de un capitalismo mordaz. Alabar y no rechazar son sus eslóganes. Con tales actitudes, aspiran a fortalecer los regímenes antes que a mostrar sus debilidades. Son los nuevos técnicos del pensamiento. Alfabetizados en las tecnologías, han hecho de éstas un tótem supremo desde el cual creen conocer en profundidad el mundo, la realidad del mismo. Despolitizados, des-socializados, individualistas y tecnócratas, se estremecen ante la palabra confrontación. Seguidores del pensamiento utensiliar, son monaguillos que vuelven culto los reglamentos autoritarios de la educación. Son los baby teachers de las universidades: eficaces, eficientes, autómatas bilingües, “todo terreno”, choferes de las tecnologías. Gestionan sin queja la dictadura normativa de las llamadas investigaciones universitarias. Hijos del neoliberalismo, baby teachers de las instituciones.

En Colombia hay grandes laboratorios que los producen en serie y se reproducen exponencialmente. Todos han egresado de universidades que debieron sufrir el azote de la Ley 30, que no sólo impulsó una agresiva privatización sino que además las ahogó en su misma sustancia al obligarlas a llevar un plan acelerado de acreditación acorde a las exigencias del mercado global. Como consecuencia, se desmontaron currículos, se ajustaron los planes de estudio a nefastos objetivos, y se desterró todo proyecto de una pedagogía crítica y renovadora.

En varios aspectos, los discursos doctrinales, religiosos, moralistas y políticos de esta primera década del siglo XXI se asemejan a los de la llamada Regeneración de la República Conservadora impuesta en el país desde 1880 hasta 1930: servidumbre hacendaria y partidista, maniqueísmos religiosos y morales, conservadurismo, ideología imperial y papal, controles a la educación, censura camuflada, obstáculos a la modernidad crítico-creativa, centralismo intelectual, rechazo a la autonomía del intelectual disidente. Las pocas conquistas de autonomía universitaria, docente, estudiantil e intelectual, lograda de los 60 a mediados de los 80, fueron diluyéndose y cambiándose por una adaptación servicial e integrada al “nuevo orden global”. La consolidación de la economía de mercado, del poder de los medios masivos de comunicación, de las tecnologías digitales; la urbanización y la inmigración masiva, la privatización en serie y en serio, la banalización de la cultura, son algunos contextos en los cuales se desarrolló y se llevó a cabo el pensamiento neoconservador de última hora. Como consecuencia, observamos el paso de los intelectuales críticos a los baby teachers “todo terreno”, adaptados al son que les toquen.

Desde aproximadamente 1990, un cambio radical impacta en las estructuras universitarias. Todos sus estamentos han sido lentamente transformados. El neoliberalismo atrapó las libertades colectivas e individuales que todavía eran posibles en las instituciones tanto públicas como privadas. Así, los profesores, los estudiantes y los intelectuales entraron en un espacio de mayor control. Se impuso un lenguaje administrativo y ecónomo. Con ello se pasó de una activa reflexión a la sumisión de la gestión. Entonces, conceptos como eficiencia, eficacia, competitividad, flexibilización, administración e insumos comenzaron a formar parte del lenguaje de los ámbitos educativos. Como resultado, tenemos un nuevo tipo de intelectual: el docente eficiente con lenguaje ecónomo. El denominado “relevo generacional”, es decir, jóvenes profesores que reemplazan a los viejos intelectuales de vanguardia crítica, y el nombramiento de economistas y administradores en los mandos medios de dirección académica garantizan las reformas curriculares acordes con las demandas neoliberales. Golpe bajo al trabajo crítico y humanista; ganancia para el trabajo administrativo. Burócratas contra intelectuales.

De manera que la Universidad se adapta a las exigencias del mercado, edificando el llamado por algunos teóricos “capitalismo académico”: una “universidad emprendedora”, lo que quiere decir subordinada a la mercantilización de sus componentes. El “capitalismo académico”, impuesto como política central por los países de élite, asume la educación como industria, fábrica, business university. La Universidad queda reducida a un bazar de servicios educativos, y de bienes simbólicos y culturales, con clientes y accionistas (los estudiantes), con obreros y asalariados (los profesores), con productos (los resultados de las investigaciones, los saberes y conocimientos) y gerentes ecónomos, administradores (directivas). En este bazar universitario, a los logros académicos de los profesores se les evalúa o controla en forma cuantitativa, es decir, por la cantidad de productos de investigación, publicaciones, cátedras, participación en eventos. Al profesorado se le trata como a un insumo, un objeto consumible y consumidor. Las lógicas de la comercialización de la eficacia y de las competencias de rentabilidad dominan el territorio.

¿Dónde está la autonomía crítica del docente intelectual? Los baby teachers dan la respuesta: son cosas del pasado, dicen; peticiones de una historia muerta, enterrada. En su lenguaje dan un no a la memoria y un sí al ahorismo consumible, adaptado. La instrucción y la formación de docentes que hacen de la tecnocracia algo plenipotenciario, o bien que asumen la modernización tecnológica, impuesta desde arriba, con preocupante ingenuidad, es una de las más grandes heridas en el corazón de la academia. Ante la reflexión, se propone la gestión; frente al debate político y cultural, se irrumpe con una relajación pragmática; contra una actitud de confrontación y diferencia, se establece una postura de adaptación, aceptación y confort académico. Es la mercadización de lo social, de lo educativo, donde triunfan las dinámicas de lo administrativo, del gerencialismo. En esta forma, la paranoia, la autocensura y el conformismo se reivindican en estos escenarios empresariales de hipervigilancia y control competitivo.
El ascenso del pensamiento neoconservador y la globalización económica neoliberal ha contribuido a crear este tipo de docente universitario adaptado y adaptable. De modo que al joven docente le han otorgado un papel de legitimador político, cultural y moral de los regímenes hegemónicos. Atrás quedaron los tiempos del intelectual disidente, las posiciones libertarias. ¡Oh, baby teachers, bienvenidos al futuro!

Tomado de:  
Le Monde Diplomatique. Edición Colombia.
Nov. 09-11