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Las universidades y la Responsabilidad Social Empresarial from Fondo España-PNUD on Vimeo.
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¿Qué es el Vaticano?
Por: Javier Sánchez
Tomado de: Anzoateguivive • 17 Jul, 2010 • Sección: Tribuna Abierta
El Vaticano no es un Estado. No tiene ninguno de los atributos ni características clásicas de un Estado: Carece de territorio propio (es parte de Italia), no hay ciudadanos vaticanos (cada cual tiene pasaporte de alguna otra nación. Hasta el propio papa viaja con pasaporte Italiano), su ejército es de guardias Suizos, no se le reconoce como nación en el seno de las Naciones Unidas. No pertenece ni al “primer mundo”, ni al “segundo” ni al “tercero”.
¿Que es entonces? ¡Muy sencillo! Es una empresa transnacional que comercia con intangibles a futuro. Ahora que se viene señalando con índice de fuego el papel tenebroso que juegan las empresas transnacionales en el sostenimiento de gobiernos gorilescos y en el derrocamiento de los regímenes democráticos, es oportuno enfocar la atención sobre esta empresa transnacional que es el Vaticano, que no solamente es la más antigua del mundo, sino la mejor organizada. Al igual que la ITT, la Shell, la United Fruit, la Standard Oil, la Coca-Cola y todas las demás empresas transnacionales, tiene sucursales en muchos países del mundo y una pirámide de funcionarios y empleados, de diferentes nacionalidades, que le juran lealtad exclusiva. Un ejemplo de lo que significa para cualquier compañía transnacional el patriotismo lo vimos en el conflicto de Medio Oriente, en 1974, cuando la Standard Oil, supuestamente norteamericana, se rehusó a proporcionar combustible a la flota norteamericana del Mediterráneo, sí no se le compraba al precio que ella exigía.
Las transnacionales no tienen patria, únicamente intereses. Puesto que no tienen tampoco “pueblo”, están liberadas de cualquiera preocupación democrática o de co-gobierno. La organización es monolítica, con líneas verticales de mando que se inician en el vértice de la pirámide, con un presidente y una Mesa Directiva, electos por la asamblea de accionistas y desciende, a través de órganos consultivos y ejecutivos, hasta los gerentes nacionales y los simples expendedores del producto. En la empresa vaticana, el “papa” es el electo por la asamblea de accionistas (el colegio de cardenales), los gerentes nacionales son los arzobispos, los regionales son los obispos y los concesionarios para la venta de la mercancía son los curas. Pero, hablemos un poco sobre esta mercancía, porque de ahí se derivan muchas de las peculiaridades de la empresa vaticana.
El artículo que viene exportando al mundo durante los últimos dieciocho siglos es, ya lo dijimos, un “intangible a futuros”. Esto no es muy raro que digamos. Los bancos, las financieras y las compañías de seguros manejan intangibles. Las acciones de la bolsa de valores, los certificados de crédito, las cédulas hipotecarias, los billetes, los seguros de vida, todos estos son valores intangibles. Se llaman así porque no podemos ver, ni palpar, ni usar el bien material que se supone está por el papel que tenemos en la mano. Por ejemplo, un seguro de vida, por el cuál estamos pagando una prima anual ¿Qué es? Una simple promesa de la compañía de seguros de que, cuando muramos, le entregarán a nuestros seres queridos una cierta cantidad de dinero. Esta promesa es valiosa para nosotros y por eso pagamos la prima; pero no podemos tocar en este momento el dinero, ni usarlo, ni palpar los objetos materiales que pueden comprarse con él… el artículo que estamos adquiriendo es una simple promesa… es un “intangible a futuros”.
El producto que vende la empresa vaticana se llama SALVACION EN LA OTRA VIDA. Cae dentro el ramo de los seguros de vida, con la modalidad de que no ofrece pagar a los deudos sino directamente al asegurado; pero en la otra vida. El artículo no es nuevo. Fue inventado hace más de 10.000 años; pero la novedad de la patente; la marca comercial, los membretes y símbolos, registrados hace 2,000 años, le dan su fisonomía actual. El pobre inventor de estas modificaciones, como siempre sucede, murió en la desgracia. Otros se han encargado de explotarla. La venta se hace a plazos semanales, libres de impuestos, empezando desde el primer día que el niño (sin siquiera saberlo) va al centro de propaganda, que es la iglesia de su barrio, y allí deposita una monedita. Como el monto de la retribución en la otra vida es proporcional a las aportaciones (menos las deducciones por mala conducta), se deja a cada quien la libertad de decidir cuánto invierte: ¡Allá él!
El comercio de intangibles depende fuertemente de factores psicológicos. Por principio de cuentas, el cliente necesita estar convencido de que el artículo existe en realidad, aunque no pueda verlo, ni tocarlo para comprobar objetivamente este aserto. Para esto se necesita fe. Fe en la calidad del artículo, fe en que le será entregado, fe en la solvencia moral de la empresa, fe en su personal. Mientras más irracional, absurdo y raro sea lo que se promete al consumidor, más fe necesita para desear adquirirlo y la empresa vaticana, para vender su producto, ha tenido que llegar al extremo de pedir a sus clientes que tengan fe ciega; que se pongan tapa en ojos y orejas para no ver ni escuchar a la razón ni al sentido común. Que sean mansos corderitos y no discutan… que sólo compren, compren y compren.
En realidad, el mayor peligro para el prestigio del producto y su consumo masivo ya no proviene de otros competidores. Ciertamente, en el pasado, la empresa vaticana sostuvo guerras sangrientas contra otras negociaciones transnacionales que pretendían arrebatarle el mercado; pero es justo reconocer que, a pesar de todo, logro imponerse en Europa y establecer agencias permanentes en América. A la fuerza, desde luego. Si comparamos el artículo romano con el árabe, veremos que este último está más vistosamente envuelto con huríes, ríos de miel y leche, finas viandas y eterna borrachera. Responde a los gustos y preferencias de pueblos libidinosos y sibaritas, de temperamento ardiente.
En Asia, el producto indostano se popularizó, gracias al acierto de ofrecer el pago de dividendos en otra vida, pero aquí mismo en la Tierra, no en una utopía celeste vaga y misteriosa. El inconveniente es que, desgraciadamente, la vida en nuestro planeta no es siempre agradable, aunque se encarne en un maharajá; pero a cambio de ello, la clientela de las empresas indostanas se enfrasca en una competencia desesperada por quedarse con los premios mejores, como jauría hambrienta que se pelea por un flaco hueso. A los que pierden se les ofrece la alternativa de salirse del juego y no volver más a esta Tierra. Muchos optan por esta solución. Mientras más feas se ponen las cosas en el mundo, son más los que quieren irse y no volver. La Buda & Nirvana International Corp. garantiza a sus clientes que les puede enseñar dónde está la puerta. En cuatro mil años de estar operando, nadie ha regresado para reclamarle.
La empresa vaticana se ha cuidado de no exagerar sus promesas para no perder credibilidad. Aunque sus artistas publicitarios llenaron las paredes de sus casas comerciales con perspectivas celestes, pobladas de angelitos retozando entre las nubes, ahora la empresa se ha quedado prudentemente callada sobre la localización exacta del paraíso en que ofrece cumplir a sus clientes la promesa de una vida eterna de felicidad. Ya no puede sugerir que esa mansión celeste flota en la estratosfera, ni tampoco la puede situar en otro planeta o sistema solar. Niega que esté dentro de cada uno de nosotros y no se atreve a postular una cuarta o quinta dimensión; por el temor de que algún día las matemáticas lleguen hasta ahí. Simplemente calla, en espera de que los telescopios descubran una barrera infranqueable para entonces decir que el paraíso está detrás de ella y que la única agencia de pasajes, es el Vaticano.
No es fácil, en un mundo que cada día se desatonteja más, vender boletos de primera y turismo hacia un encantador fraccionamiento celestial situado en el “más allá”; sobre todo porque no conviene describirlo con demasiado detalle y correr el peligro de que se descubra el fraude. Ya estamos escarmentados de fraccionadores aviesos que nos muestran preciosas maquetas y perspectivas con sol, fuentes, casas que siempre parecen más grandes de lo que realmente serán y chicas en bikini con incitantes sonrisas. Cuando llegamos al lugar, resulta que es un pedregal abandonado, lejos de todo y lleno de bichos repugnantes. Por eso, la empresa vaticana deja a cada quien que se imagine su lotecito como quiera, al cabo no puede ir a cerciorarse por sí mismo. Nadie puede alegar que le tomaron el pelo, porque sencillamente esa persona ya estará muerta.
Pero, para que la demanda del producto no disminuya ante el embate erosivo de la razón y de la ciencia, para que siga aumentando la clientela del artículo intangible que se llama SALVACION EN LA OTRA VIDA, los aboneros del más allá tienen que recurrir a las más variadas estrategias. Como todas las transnacionales, el consorcio vaticano tiene metida la mano en muchas partes: en la banca internacional, los bienes raíces, la prensa y, sobre todo en los gobiernos. Lo hace simplemente para proteger sus propios intereses. Es obvio que si la vida en este planeta fuese agradable y feliz, desaparecería el anhelo de alcanzar una vida mejor en un paraíso hipotético.
Para que alguien deseara salvarse, necesita haber algo indeseable de qué salvarse. Mientras haya miseria, habrá quien aspire a la riqueza; mientras haya dolor, habrá quiénes busquen placer; mientras haya opresión y esclavitud, habrá quiénes pidan ser liberados; mientras haya injusticia, habrá quiénes clamen por justicia. Si se alcanzan todas estas cosas aquí en la Tierra, se habrá matado a la gallina de los huevos de oro. ¿Como hacer, pues, para perpetuar la ignorancia, la miseria, la desigualdad, la opresión y todas las demás desgracias de la humanidad sin descubrirse como enemigo de ella, sino simulando ser su salvador? He aquí el dilema que encaró, hace siglos, la empresa vaticana y cuya solución es el cimiento de su estrategia internacional. Se funda en tres principios, o pretendidas virtudes teologales: FE, ESPERANZA Y CARIDAD.
Son tres poderosas armas, pintadas de blanco y camufladas con tanto arte que a su enunciación todos ustedes vibraron de emoción mística y ahora sentirán profunda indignación ante lo que juzgarán como sacrilegio: la demostración de que esta trilogía es el atentado más perverso que jamás se ideó contra la humanidad. Porque con la FE sea nula a la razón y a la inteligencia; con la ESPERANZA se convierte al hombre en esclavo de la casualidad, incapaz de planear, prever y calcular el futuro científicamente y con la CARIDAD se destruye el equilibrio sinérgico y se perpetúa la humillación, la invalidez y la miseria.
Las tácticas de los mercaderes de la inmortalidad son materia de la historia. Hablan de paz y, al mismo tiempo, instigan las guerras, bendicen las armas, distribuyen amuletos entre los contendientes de ambos bandos y se sientan a esperar para ver quien gana y entonar “te déums” en su nombre. Hablan de igualdad y defienden los privilegios de clase en los regímenes aristocráticos de explotación. Hablan de iluminación y apagan las luces del conocimiento. Los mercachifles del santo disimulo inventaron la confesión y la absolución, como medio para invalidar el sentido de responsabilidad social. Donde quiera que van les acompaña la distorsión de los valores naturales, del sentido común, de la ética y de la confianza de los hombres en sí mismos, para substituirlos por escalas de valores sobrenaturales, antinaturales, arbitrarios y ficticios, suficientemente impactantes como para dejar a los individuos sumidos en la confusión y abatidos por un complejo de culpabilidad, inducido arteramente (¡digan Uds!, nomás, ¿qué culpa tenemos de que Adán haya cohabitado con Eva?).
No hay rincón de la vida privada de los hombres donde los vendedores ambulantes de exorcismos y fetiches no se metan. Una vez acorralado su ganado, le sacan el mayor provecho posible: explotan la inseguridad que en ellos han cultivado cuidadosamente y que hace crisis en cada una de las decisiones trascendentales de la vida y ante cada evento de consecuencias imprevisibles; el nacimiento, el matrimonio, muerte, iniciación de un nuevo negocio, la enfermedad. Todo se presta para cobrar sobornos en nombre del ente que ellos colocaron en el centro del Universo para interferir caprichosamente con las leyes cósmicas naturales.
En fin. Eso es el Vaticano y su gran negociación transnacional. Podemos esperar que, si no logran derrotar a la ciencia, diseñarán nuevas tácticas para seguir gozando del monopolio mundial de intangibles sobrenaturales. Ya se ostentan como caudillos de la izquierda santificada y paladines de los pueblos desarrapados del Tercer Mundo; pero no nos equivoquemos: su único propósito es conducir a los tres mundos hacia el otro mundo, mientras ellos, gracias a Dios, se quedan en éste, disfrutando las ganancias de la operación “POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, AMEN”.
William Ospina 10 Abril 2009 - 11:29pm
El viejo mal de Colombia
Por: Elespectador.com
¿CÓMO HACERLES ENTENDER A LOS gobernantes de nuestro país que las guerras contra el crimen, “la mano dura y el corazón grande” ante el delito seguirán siendo inútiles mientras no emprendamos un esfuerzo concertado, inteligente y generoso, no tanto por perseguir y castigar, sino por impedir que los jóvenes se vuelvan delincuentes?
La principal causa de delincuencia hoy en Colombia es la falta de un orden incluyente en el cual los jóvenes sientan que son tenidos en cuenta por la sociedad, que se les ofrece educación, salud, respeto, el horizonte de un empleo digno, estímulos para su talento y oportunidades para realizar sus sueños. Todos esos guerrilleros, paramilitares y delincuentes comunes que se desmovilizan y resurgen como hongos después de cada redada no son meras expresiones del mal, son la evidencia de un orden social donde a los jóvenes no se les ofrece otro destino que las armas.
Por la educación, por la salud, por la posibilidad de desarrollar sus talentos, tienen que pagar hasta el último peso, pero por la violencia todos les pagan: la guerrilla, las bandas criminales y hasta el propio Estado.
Despreciar los recursos que ofrece la civilización para prevenir y controlar el delito es la más antigua tradición de la sociedad colombiana. Aquí la educación debería ser gratuita, como en todos los países decentes. La identificación temprana de vocaciones y talentos debería ser una práctica corriente, la orientación de los jóvenes hacia la ciencia, la tecnología, los oficios, las profesiones, la productividad y las artes debería ser la primera prioridad del orden social. Pero basta comparar el presupuesto del Ministerio de Defensa con el presupuesto del Ministerio de Cultura: para nuestros gobiernos, el poder de las armas es doscientas veces más importante que el poder de las ideas, de las costumbres y de la convivencia. Si uno hace un rectángulo y lo divide en doscientos cuadros, dejando todos en blanco y llenando de color solamente uno, tendrá ante los ojos la desconcertante relación que existe en Colombia entre el presupuesto de la guerra y el presupuesto de la cultura.
De prevenir el delito no habla nadie; de castigarlo, hablan todos. Se les hace agua la boca diciendo “cero tolerancia con el delito”, y uno creería que están hablando de empleo, de educación, de prevención, de dignidad de las comunidades: no, están hablando de cárceles y a lo mejor de tormentos. Les parece más efectivo reprimir, perseguir, hacer redadas, encarcelar, dar de baja, porque todo eso puede hacerse en seguida, en tanto que la prevención, la recuperación y la reeducación requieren esfuerzo, generosidad y una conciencia profunda de la dignidad de los seres humanos.
Y como cada gobierno sólo dura cuatro años (y el siguiente período nunca está seguro), nadie se siente con el ánimo de emprender una profunda rectificación del modelo de convivencia, que tardará unos pocos años en dar sus frutos, y le apuestan todo a la ilusión del exterminio. Pero como ocurre con el narcotráfico: por cada jefe que cae, veinte se disputan en seguida su puesto, sus rutas, su ámbito de influencia; cada vez que uno de ellos es extraditado, ascienden las nuevas promociones; a rey muerto, rey puesto, y el negocio no deja de ser próspero porque se eliminen del escenario talentos tan fácilmente reemplazables como los de un jefe de mafias.
Nos gobierna una idea de la humanidad basada en el resentimiento, en la lógica insana del furor y el castigo. Y lo que más debería hacernos pensar es que ese mal no es nuevo. Cuando yo tenía cinco años, hace medio siglo, nos decían que Colombia sería un paraíso en cuanto se diera de baja a Desquite y a Sangrenegra, los bandoleros que asolaban los campos. Yo mismo fui testigo del vuelo de los helicópteros que llegaban al norte del Tolima a pacificar la región. Hace veinticinco años me estremecía ver en fotografías de la prensa cómo sacaban cerca de Bogotá pendiendo de helicópteros los cadáveres de los guerrilleros dados de baja, o cómo hacían la exposición de sus cuerpos como de piezas de cacería. Hace veinte años sabíamos que bastaba eliminar a Rodríguez Gacha y a Pablo Escobar para que Colombia descansara por fin.
Hoy nos dicen que la guerra en los campos está terminando, pero que todos los días nacen nuevas bandas de delincuentes en las ciudades. Ahora se llaman “Los chicos malos”, “Los falsos”, “Los aguacates”, “Los Simpson”, “Los triana”, “Los chachos”. 145 bandas en Medellín, 44 en Cali, muchísimas en las otras ciudades, y panfletos amenazantes en 20 departamentos. No es irracional el temor de que, con esta manera absurda de enfrentar el delito sólo por la represión, con estas desmovilizaciones que no parecen estar acompañadas de serios procesos de recuperación de los combatientes, y sin un esfuerzo serio por cambiar la situación de los jóvenes en las barriadas, lo único que estemos haciendo es traer a las ciudades la violencia del campo.
Llegan nuevas oleadas de delincuentes, y empieza a hablarse otra vez de “limpieza social”, del terror en los barrios, “toques de queda” dictados por criminales anónimos. Y ¿no era de esperar que fuera así, cuando el Estado no tiene otro lenguaje para los excluidos que el de la violencia y de la guerra? Es urgente que se forme en Colombia una alternativa de civilización que rechace por igual todas las violencias, que no haga de la violencia la única respuesta a las bárbaras consecuencias de la injusticia. Los paños de agua tibia de una legalidad sin justicia no hacen más que demorar el caos que crece, y que puede acabar por arrastrarnos a todos.
Dirección Web fuente:
http://www.elespectador.com/columna135316-el-viejo-mal-de-colombia

Darwin retrasó el libro con sus descubrimientos para no ofender a su esposa, Emma, dijo Ruth Padel, tataranieta del científico naturalista. "Ella dijo que él parecía estar alejando a Dios cada vez más de sí", señaló Padel en su casa en Londres. "Pero llegaron a un acuerdo conversando, y ella le dijo, 'no cambies ninguna de tus ideas por temor a lastimarme'".La publicación de "On the Origin of Species" (Sobre el origen de las especies) en 1859 cambió para siempre el pensamiento científico, y generó una oposición que persiste hasta la actualidad. Esa explicación atractiva de cómo las especies evolucionaron mediante la selección natural es lo que da realce al 200mo aniversario del nacimiento de Darwin el miércoles 12 de febrero.Al menos 300 actos conmemorativos están programados tan solo en Gran Bretaña, donde el rostro de Darwin adorna los billetes de 10 libras esterlinas junto al de la reina Isabel II. Shrewsbury, la ciudad donde Darwin nació y creció en el centro de Inglaterra, celebra un festival de un mes de duración por su hijo más famoso. Además, su anterior casa cerca de Londres, Down House, alberga una exhibición permanente que recrea algunos de sus experimentos más populares.Muchos más festejos están planeados en varias partes del mundo, incluida la Segunda Cumbre Mundial sobre la evolución en las islas Galápagos en agosto. La Casa de Moneda de la ciudad australiana de Perth pone en circulación una moneda conmemorativa de plata.El director de proyectos especiales del Museo de Historia Natural en Londres, Bob Bloomfield, explicó que Darwin fue cauto no solamente porque no quería ofender a su esposa, sino porque comprendió que el concepto de la evolución del hombre a partir de otros animales era controversial. No quiso presentarlo como una hipótesis, sino como una explicación sustentada en numerosas observaciones y hechos."Sabía que tenía que armar un caso absolutamente férreo para su teoría", expuso Bloomfield. "Fue uno de los primeros investigadores realmente basados en el método científico, donde todo lo que se disponía a escribir tenía que estar basado en evidencia".Los otros hallazgosLos pequeños diarios manuscritos de Darwin son mostrados al público en una exhibición importante en el Museo de Historia Natural, al igual que miles de especímenes que coleccionó. Algunos provinieron de su fabuloso viaje de cinco años por América del Sur a bordo del Beagle, cuando visitó las remotas islas Galápagos y observó la forma en que algunas especies se habían adaptado a un entorno extraño y exigente.Los diarios permiten atisbar el enfoque analítico y meticuloso de Darwin. Incluso menciona los pros y contras de casarse. "¿Las ventajas? Una esposa sería una compañera constante, una amiga en la ancianidad y llenaría la casa con música y parloteo femenino. ¿Los contras? Perder la libertad de ir y venir a placer y de leer cuanto quisiera de noche. Visitar parientes. Y tendría que gastar dinero en hijos, no en libros".Darwin fue también un innovador en casa. Le colocó ruedas a la silla de su estudio para que pudiera alcanzar más fácilmente sus especímenes y, con ello quedó inventada la moderna silla de oficina.Su pasión por comprender las obras imperceptibles de la naturaleza lo convirtieron en un visitante asiduo del Zoológico de Londres, donde hizo amistad con una orangután llamada Jenny. Le ofreció a Jenny una armónica y le mostró su reflejo en un espejo. También observó que cuando su cuidador no le daba una manzana, hacía mohines como si fuera infante. Estas observaciones aparentemente triviales le permitieron a Darwin desarrollar su teoría de que el hombre evolucionó a partir de los primates."Ya más tarde cuando estaba muy enfermo, veía a las plantas enroscándose en la ventana, inclinándose hacia la luz, y se preguntaba, 'Cómo lo hacen?'", recordó Padel. "Constantemente pensaba en relaciones y eso lo llevó a entender la selección natural. Cobró conciencia de que cada población está en competencia con las otras. Supo que así es cómo se adaptan las especies, porque siempre están compitiendo por la luz, el agua y el alimento".¿Qué estaría haciendo hoy si viviera?Padel considera que probablemente estaría estudiando el ADN y el sistema inmunológico. Y cree que el gran escritor de diarios estaría mucho tiempo conectado a la internet. "Sería un gran aficionado al correo electrónico", estimó.

