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17 abril 2017

Un financiero contra los Intermediarios o creadores de dinero

03 abril 2017

Las paradojas de la época


Por: William Ospina

El mayor mal del mundo contemporáneo es el proyecto neoliberal, que en 30 años confiscó y privatizó el capital social de las naciones, minimizó la labor de los Estados como protectores del trabajo y la familia, y como garantes del equilibrio social, y se esforzó por dejar en manos del lucro insensible un mundo donde ya la desigualdad era la ley. Leer más

08 marzo 2017

Al final

Por: William Ospina

Después de una guerra de 50 años, es tarde para los tribunales.
Si hubo una guerra, todos delinquieron, todos cometieron crímenes, todos profanaron la condición humana, todos se envilecieron. Y la sombra de esa profanación y de esa vileza cae sobre la sociedad entera, por acción, por omisión, por haber visto, por haber callado, por haber cerrado los oídos, por haber cerrado los ojos. Leer más

05 marzo 2017

Cómo sobrevivir a la era Trump

Por: Joseph E. Stiglitz

En apenas un mes largo, y a un ritmo vertiginoso, el presidente de EE. UU., Donald Trump, ha logrado propagar caos e incertidumbre. No es de extrañar que tanto ciudadanos como líderes empresariales, así como la sociedad civil y el gobierno, realicen esfuerzos por responder apropiada y eficazmente.
Ningún punto de vista sobre el camino a seguir es necesariamente provisional, ya que Trump aún no ha propuesto legislación detallada, y el Congreso y los tribunales no han respondido plenamente a su chorrera de decretos. Sin embargo, el reconocimiento de la incertidumbre no es justificación para la negación.  Leer más

07 febrero 2017

Las ciudades del futuro

Una ciudad se debate siempre entre su pasado, su presente y su porvenir. Algunos rasgos actuales –el patrimonio, la interconexión– nos permiten aventurar el paisaje que vendrá.

Jorge Carrión, enero 15-2017

En el centro de las ciudades del futuro no habrá catedrales ni grandes superficies comerciales, sino plantas que transformarán la basura en energía. La afirmación es del urbanista Mitchell Joachim, fundador de Terreform, una asociación sin ánimo de lucro que promueve un diseño urbano ecológico e inteligente. Su hipótesis es que pasaremos de la celebración del pasado (los templos) y del presente (el capitalismo) a situar en el corazón ritual de nuestras urbes aquellos edificios que nos permitan asegurar el futuro (como las plantas de reciclaje). Pero lo cierto es que no existe todavía ninguna gran ciudad con la ecología en su ombligo simbólico. De modo que tal vez sea mejor, para hablar de las ciudades del futuro, observar de cerca aquellos rasgos que sí existen en el presente y que, por su potencia, parecen predestinados a pervivir. Esas tendencias que se transforman lentamente en mainstream: el cultivo de la memoria, la integración de la periferia, la sostenibilidad del turismo, la ecología urbana o la gestión inteligente de la complejidad. Leer мás 


La autarquía ilusoria de Fidel Castro

El castrismo quiso definir la soberanía cubana a través de una abierta oposición a Estados Unidos. Esa independencia era un espejismo: sus logros sociales tuvieron siempre un respaldo extranjero.

Por: Rafael Rojas
15 de enero 2017
Tomado de la revista Letras Libres

Se ha escrito mucho sobre Fidel Castro en las últimas semanas, pero la dificultad para discernir su legado dentro de la izquierda latinoamericana del siglo XX sigue siendo tan grande como cuando ejercía su enorme poder desde La Habana. La misma dificultad a la que se enfrentó C. Wright Mills, el influyente sociólogo de la Universidad de Columbia, en 1961, mientras compilaba los textos de su antología Los marxistas (1962), rescatada por la editorial Era en 1964. Mills era amigo de la Revolución cubana, a la que había defendido en su libro Escucha, yanqui (1961), pero dudaba en torno a la pregunta de cuál era el aporte de Fidel Castro a la izquierda socialista. Al final de su antología, dedicaba un apartado al “marxismo fuera del bloque”, donde incluía un discurso del yugoslavo Edward Kardel y mencionaba la Revolución cubana como una de las promesas de la nueva izquierda posestalinista. Leer más

09 enero 2017

Los animales se divierten

El juego animal pone en tela de juicio que la lucha por la supervivencia sea el único motor de los seres vivos. Del darwinismo al electrón este ensayo invita a ver la libertad lúdica como un principio de la naturaleza.

Por: David Graever
Tomado de Letras Libres, 11 de marzo de 2015

En cierta ocasiónmi amiga June Thunderstorm y yo estuvimos media hora sentados en un prado junto a un lago de montaña observando cómo un gusano medidor se bamboleaba en lo alto de un tallo de hierba, giraba hacia todas las direcciones posibles y, finalmente, saltaba al tallo más próximo para seguir haciendo lo mismo. Así continuó recorriendo un amplio círculo, en lo que tendría que ser un enorme gasto de energía, sin que aparentemente hubiera razón alguna para hacerlo.

“Todos los animales juegan –me había dicho una vez June–. Incluso las hormigas.” Ella había trabajado durante muchos años como jardinera profesional y había tenido ocasión de observar y examinar numerosos episodios como este. Leer más


30 noviembre 2016

¿LA NUEVA CUBA?


Por: Enrique Krauze
Letras libres

Los caminos de la Historia son inescrutables. No es posible saber si absolverá a Fidel Castro o lo condenará por su larga y penosa dictadura. Ahora que la situación comienza a cambiar en la zona, resulta indispensable recorrer a detalle las accidentadas etapas de una revolución traicionada. Leer  más



20 septiembre 2016

Votar Sí: la hora de la Franja Amarilla

Votaré sí en el plebiscito. No puedo decirles a dos guerreros, que durante medio siglo han hecho la guerra entre sí y que nos han hecho la guerra a nosotros, que no silencien las armas.
Por: William Ospina



No es un favor que nos hacen: es su deber con un pueblo que ha padecido demasiado. Pero lo que enseguida tengo que decir es que quienes voten por el No, no son mis enemigos. Tienen todo el derecho a hacerlo si no les gusta el acuerdo a que han llegado el gobierno y la guerrilla. A mí tampoco me gusta, pero probablemente por razones muy distintas. Hay algunos que piensan que ese acuerdo es malo porque concedió demasiado, porque cambió muchas cosas; yo pienso que es malo porque concedió muy poco y porque no cambió nada.
No pertenezco al bando de los grandes dueños de la tierra, que ven como una amenaza, en un país de 30 millones de hectáreas productivas, un fondo (harto improbable) de tres millones de hectáreas para los campesinos. Al contrario, creo que para cambiar la situación del campo colombiano se requieren diez millones de hectáreas, pero no distribuidas en una irreal solución agrarista, sino dedicadas a la modernización del campo, teniendo a los campesinos como principales protagonistas.
Dicen que en el mundo la distribución de la riqueza es tan inequitativa que la mitad de la riqueza mundial está en manos del uno por ciento de la población. O sea, una de cada cien personas es dueña de la mitad de todo. Pues bien, en Colombia la cosa es tan desproporcionada que una de cada diez mil personas es dueña de la mitad de la riqueza nacional: en un país de 50 millones de habitantes, cinco mil personas son dueñas de la mitad del campo productivo y de la mitad de los depósitos que hay en los bancos.
Lo que hace el acuerdo de La Habana es muy poco y no cambiará casi nada. Peor aún, existe el peligro de que ni siquiera desactive el conflicto con las Farc, porque algunos frentes no van a desmovilizarse, porque otros corren el riesgo de ser masacrados por paramilitares o por las propias fuerzas del Estado, y porque la desmovilización, sin un esfuerzo por convocar a la población civil a construir la reconciliación en el territorio y acoger con garantías a los guerreros, se da en un escenario de desconfianza y de insolidaridad.
Pero es la primera vez que Estado y guerrilla ofrecen terminar esta guerra atroz, donde han muerto y sufrido tantos ciudadanos, y sobre todo los más pobres, de modo que no podemos negarnos a intentar cerrar esta herida. Siempre he sabido que el fin del conflicto tenía que ser negociado, pero el verdadero cierre de una herida hay que hacerlo de cuerpo presente, y aquí han dedicado más tiempo al diagnóstico lejos del paciente, mientras a la filigrana de la reconciliación le van a dedicar, imprudentemente, pocos días.
Los que siempre hicieron la guerra no saben cómo hacer la paz. El documento de 297 páginas está alambrado de desconfianzas, de imposibilidades y de ineptitudes. Todo el trabajo de superación del conflicto se lo están dejando a las comunidades, pero una vez más sólo los que hicieron siempre la guerra quieren manejar el posconflicto.
Para agravar las cosas, ese deseable pero harto complicado final del conflicto se da en un contexto muy colombiano de rivalidad feroz entre dos sectores de la dirigencia. Nunca supieron hacer otra cosa que enfrentar a los ciudadanos entre sí, para poder seguir reinando. Ahora, a pesar de sus esfuerzos, y a pesar de ciertos titulares de prensa, no han logrado polarizar a los colombianos. Los gallos de pelea han perdido prestigio, y la ciudadanía se da cuenta de la insensatez de los dirigentes, de llamar a la guerra en nombre de la paz.
Entiendo que con el final del conflicto (que ojalá no conlleve traiciones de parte y parte) la vieja dirigencia se está retirando del escenario de la historia. Porque ellos sólo supieron gobernar por la violencia desde cuando le impidieron a Gaitán ascender al poder.
Votaré Sí, sintiéndome hermano de los que votan No, y dispuesto a aceptar el veredicto de la democracia, aunque no ignoro que estamos en un régimen de precaria legitimidad.
Ya será ganancia que de este trance no salga Colombia enemistada (algunos pocos lo están ya) sino convencida de que necesitamos otra dirigencia, no de personas sino de ideas; que la paz está lejos y que depende de un poderoso cambio de agenda, que no nos lo ofrecerán ni el uribismo ni el santismo. El país lleva demasiado tiempo en manos de los Laureanos, en su forcejeo con los Santos y con los Lleras, y siempre con algún Gaviria sentado por ahí esperando su turno.
Mientras tanto las multinacionales hacen su agosto, el negocio de la droga prolifera, las mineras arrasan los páramos, los ríos sagrados agonizan, el desierto está creciendo, y los políticos sólo piensan en sí mismos.
Sólo un movimiento social nuevo, que ame esta tierra nuestra, que busque de verdad la reconciliación, que quiera verdadera justicia preventiva, es decir, justicia social, que incluso les dé una nueva oportunidad a los que nunca la tuvieron; que ponga el agua, los bosques, las energías limpias y el final de la pobreza en el primer lugar de la agenda, y que ponga a Colombia en el planeta, podrá pasar la página del país de las guerras que se bifurcan, y empezar a construir el país grande que todos sabemos que existe, que existe y que espera, el país de la Franja Amarilla.
Tomado de El Espectador: http://www.elespectador.com/opinion/votar-si-hora-de-franja-amarilla




    18 enero 2016

    El salario en Cuba: los falsos paradigmas y la terca realidad

    Pedro Monreal González 11/01/2016

    Cuba es un país de trabajadores asalariados y la flexibilización del régimen de propiedad que ha tenido lugar como parte de la “actualización” no ha modificado esa circunstancia. La visión de una Cuba que pudiera transformarse en una nación de prósperos emprendedores privados es una quimera. La gran mayoría de la gente en edad laboral del país trabaja con la aspiración de poder recibir un salario –estatal o privado– que les permita cubrir sus necesidades. No hay nada misterioso ni complejo en el asunto. Leer más

    06 marzo 2015

    La Globalización Incompleta

    Por: Alberto Romero y Mary Vera

    Resumen

    El objetivo de este artículo es analizar el proceso de globalización, sus determinantes y los factores que limitan sus alcances. Metodológicamente, el trabajo se basa en una exhaustiva revisión documental crítica sobre el tema, complementada con el análisis de indicadores macroeconómicos de diferentes países. Los resultados muestran la creciente desigualdad económica y social entre las regiones, en el marco de un proceso globalizador basado en un patrón de acumulación capitalista, que tiende a profundizar esos desequilibrios. La globalización se caracteriza como incompleta, por el despliegue limitado de su potencial para lograr una distribución más equitativa y sustentable no solo en lo económico, sino también en las esferas científica, tecnológica, ambiental, política y social. Leer más

    Las Empresas Transnacionales y los Países en Desarrollo

    Por: Alberto Romero y Mary Vera

    El análisis del papel de las ETN en el contexto global de la economía se ha vuelto recurrente, debido a su creciente protagonismo e importancia. Las ETN se han  convertido en una poderosa fuerza, capaz de influir no solo en el comportamiento de los flujos comerciales y financieros mundiales, sino también en la orientación de las políticas socioeconómicas de los países en desarrollo y en su modelo de inserción en la economía internacional.  Leer más

    28 enero 2015

    Cuba: crisis, globalización y giro al mercado


    Tomado de Argenpress.info


     Enero 28 de 2015
    Rolando Astarita


    El acuerdo entre Estados Unidos y Cuba, anunciado el 17 de diciembre, dispone, entre otras medidas, la normalización de las relaciones diplomáticas, la ampliación de los permisos de viajes desde Estados Unidos; la autorización de transacciones financieras entre ambos países (por lo cual las instituciones financieras de Estados Unidos podrán abrir cuentas en las instituciones cubanas); la autorización para vender productos informáticos y la ampliación del acceso a Internet para los cubanos; y el aumento de la lista de productos que las empresas estadounidenses pueden exportar a Cuba, o los estadounidenses llevarse desde Cuba. Además, Obama propone al Congreso de Estados Unidos levantar el bloqueo. En esta nota presento algunas reflexiones sobre el significado de este acuerdo en relación a la situación de la isla y la política que está implementando la dirección del Partido Comunista cubano. Dada su extensión, he dividido la nota en varias partes.

    Una línea tendencial

    La primera cuestión a tener en cuenta es que el acuerdo de diciembre se inscribe en la misma línea tendencial que se desarrolla desde hace más de tres décadas: la transformación de regímenes económico-sociales burocráticos, no capitalistas, en economías capitalistas. La lista es conocida: China, Vietnam, la ex URSS, los países de Europa del Este, Albania. Todos estos países hoy están integrados al mercado mundial capitalista, y sus economías son capitalistas. La idea que se desarrolla en esta nota es que la dinámica de Cuba se ubica en esta línea tendencial, pero con la particularidad de que el viraje hacia el mercado ha comenzado más tarde, se ha dado de manera no lineal, y ha sido más lento y controlado por el Estado. Es que cuando se produjo la caída de la URSS, y la economía de Cuba cayó en una profunda depresión entre 1989 y 1993, la respuesta del gobierno fue endurecer el control estatal. Por eso, a comienzos de los 1990, Cuba se movía en sentido opuesto al resto de los países del ex bloque soviético, que por ese entonces se transformaban rápida y abiertamente en capitalismos.  Ver artículo completo

    13 agosto 2014

    Los matones del copyright

    Los matones del copyright

     Por Naomi Klein

    En épocas remotas, las marcas sobre los seres humanos se solían hacer con hierros candentes. Hoy los dueños del hierro se han sofisticado hasta el punto de que pronto habrá que pedir permiso para llamarse McDonald, como cualquier lechero escocés. No logo, el ibro de Naomi Klein publicado por editorial Paidós, hace un apasionante y polémico recorrido por el intrincado mundo de las marcas. He aquí un anticipo.
     
    Después de que en 1999 los ataques aéreos de la OTAN fueran respondidos en Serbia con conciertos de rock donde adolescentes tocados con gorras de los Chicago Bulls quemaban desafiantes la bandera estadounidense, pocos tendrían la ingenuidad de repetir el gastado refrán de que MTV y McDonald’s llevan la paz y la democracia al mundo. Sin embargo, lo que se hizo evidente en aquellos momentos en que la cultura pop trascendía la división provocada por la guerra era que, aun cuando no exista ningún otro terreno cultural, político o lingüístico común, los medios occidentales de información habían logrado cumplir la promesa de crear el primer léxico mundial de imágenes, de música y de íconos. Aunque no coincidamos en nada más, casi todo el mundo sabe que Michael Jordan es el mejor jugador de béisbol que ha existido nunca.

    Esto puede parecer un logro de poca monta comparado con los ambiciosos discursos sobre la “aldea global” que se oyeron cuando cayó el comunismo, pero es un logro bastante vasto para haber revolucionado tanto la producción del arte como las prácticas políticas. Las referencias verbales o visuales a las comedias televisivas, a los personajes del cine, a los eslóganes publicitarios y a los lagos de las empresas han llegado a ser el instrumento más eficaz que poseemos mas para comunicarnos entre las culturas, un click fácil e instantáneo. La profundidad que ha alcanzado esta forma de marca comercial impuesta a la cultura quedó bien visible en marzo de 1999, cuando estalló un escándalo a raíz de un popular texto escolar que se usa en las escuelas públicas estadounidenses. El texto de matemáticas de sexto grado estaba lleno de menciones y de fotografías de conocidos artículos comerciales: de zapatillas deportivas Nike y de productos de McDonald’s y de Gatorade. En cierto punto se enseñaba a los alumnos a calcular los diámetros con una golosina Oreo. Como era de esperar, los padres se pusieron furiosos contra este nuevo hito de la comercialización de la educación; parecía un libro pagado por las empresas. Pero McGraw-Hill, la editora del libro, insistía en que los críticos se equivocaban. “Hay que trabajar con las cosas que la gente conoce bien, para que se dé cuenta de que las matemáticas están en el mundo que les rodea”, explicó Patricia S. Wilson, una de las autoras del texto. Las referencias a las marcas no eran anuncios pagados, dijo, sino un intento de hablar a los alumnos sobre sus propios elementos de referencia y en su propio idioma; en otras palabras, de hablarles en el idioma de las marcas1. Leer más
     
     

    29 julio 2014

    La Tercera Vía, ¿en contravía?


     
     SEMANA
    27/07/2014

    La Tercera Vía, ¿en contravía?

    Por: Germán Uribe

    OPINIÓNNo se trata de “crecer para repartir”, como lo plantean algunos, sino de “repartir para crecer”, como con tanta audacia lo dijera el expresidente Lula.



    No sé por qué cada vez que alguien alude a esa postura política denominada Tercera Vía se me vienen a la memoria las palabras con que nuestras mamás y abuelas mandaban a la porra cualquier fantasiosa iniciativa nuestra: “eso son embelecos, mijo”, repetían con cierto aire de haber pronunciado una sentencia inapelable que nos dejaba sumidos en el desconcierto, y por añadidura regañados e impotentes. Y eso mismo es lo que pienso ahora respecto de esta tentativa, recurrente en el Presidente Santos, de relanzar una “doctrina” a la que yo no dudaría en llamar simplemente “modalidad”, y cuyo fundamento, más que concretar una tercera opción entre capitalismo y socialismo, parece ser un salvavidas para la supervivencia de la socialdemocracia, o como lo reseñara alguien, “un auténtico caballo de Troya del neoliberalismo cuya concepción aspira a encontrar el punto de equilibrio para sostener un desarrollo económico con la menor de las afectaciones sociales.”
    Referencia obligada de esta corriente es el sociólogo Anthony Giddens, autor de entre otras obras, “Más allá de la izquierda y la derecha: El futuro de las políticas radicales”, cuyo sólo título induce a imaginarnos su intención primigenia de asistir a la socialdemocracia en su declive, ofreciendo como precepto de esta nueva intencionalidad del pensamiento político y económico el postulado que reza literalmente “el mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario”, con lo que se asomaba ya la propuesta de un malicioso estilo con tintes de mixtura de lo privado con lo público, buscando con ello facilitar un falso logro de equidad en el desarrollo social y económico de las naciones. Y poco a poco esta ave fue cogiendo vuelo hasta ser adoptada por gobernantes como Romano Prodi en Italia, Tony Blair en el Reino Unido y Lionel Jospin en Francia quienes, armados con la tesis del agotamiento del comunismo y el fracaso del neoliberalismo, exploraban la manera de acomodarse en un conveniente centro político, al tiempo que blandían las banderas de la democracia y la promesa de un crecimiento económico beneficioso para todos, pero sin abandonar, y por el contrario, acentuando el método de desregularizar mientras se privatizaba.
    Pero veamos. Sus principios teóricos rechazan de igual manera al extenuado “laissez faire” y sus secuelas neoliberales en apogeo desde el siglo pasado, como al control absoluto del mercado propuesto por el sistema comunista, aunque hay que reconocer que al tiempo que aboga por la profundización de la democracia, propende por el acelerado desarrollo de la educación y la tecnología, lo que se le abona. No obstante, en suma, podría decirse que lo que busca esta tendencia es que el Estado y el mercado alcancen una convivencia tal que permita, en armonía con el desarrollo, la sobrevivencia del capital pero inclinados a aceptar alguna regulación que, sin llegar a extremos de estatalización o colectivización, sea consecuente con el bienestar de toda la sociedad. Es decir, dicen sus partidarios que el Estado como organización política institucionalizada y el mercado con sus funciones de comercio, producción y consumo, deben velar en consonancia, el primero, con la equidad en la distribución de la riqueza, y el segundo con el crecimiento económico. Tal cual.
    Sin embargo, las buenas intenciones por si solas de nada sirven. Por ello traigo a colación esta valiosa reflexión de Cristina de la Torre en su columna de El Espectador: “Si la socialdemocracia fue solución intermedia entre comunismo y capitalismo, la Tercera Vía lo fue entre neoliberalismo puro y duro -a la Thatcher- y la izquierda socialdemócrata que instauró en la posguerra el Estado de bienestar. Resultado de la “nueva” opción: el mismo neoliberalismo, maquillado de economía mixta y reducido, en suma, a un asistencialismo que se pretendió sustituto del Estado redistributivo e igualitario.”
    Y es que en este mundo de tan extravagante febrilidad mercantil, ahora vigorizada por la globalización, el reino dictatorial del mercado sigue y seguirá per sécula seculórum, y el pedido con buenas maneras -sin revoluciones ni sangre- de la Tercera Vía para que haya tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible, a mi parecer es rebuscado y melifluo, y por tanto embaucador y opuesto a quienes reclaman con acierto desde la izquierda, “tanto Estado como sea posible, tanto mercado como resulte necesario.”
    Así las cosas, quienes piensan en la Tercera Vía como el sendero feliz que nos conducirá al bienestar general, a la justicia impecable y a la paz eterna, enterrando de paso aquellas concepciones extenuadas de capitalismo y socialismo, se engañan.
    Mientras en la mentalidad del Presidente Santos, vocero fanático y desbocado de este frágil artificio denominado Tercera Vía, persista la insólita idea y su absurdo empeño por aplicar aquella teoría económica de “crecer para repartir” y no, por ejemplo, como lo afirmara el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, “repartir para crecer”, ni la Tercera Vía tendrá en Colombia tierra abonada para una siembra exitosa, ni el futuro de este embeleco podrá echar raíces en ningún país y menos reconocimiento alguno en la historia política de la humanidad. 
    Digámoslo de una vez: La Tercera vía no pasa de ser un ave de corto vuelo avanzando a tientas y en contravía.
    guribe3@gmail.com

    13 julio 2014

    La “tercera vía” sí existe: es un discurso de encubrimiento

    Un texto polémico y vertical sobre las verdades a medias, las falacias y las mentiras de esa “tercera” vía que no existe en el mundo real sino en los discursos de derecha. No al capitalismo rampante o encubierto, pero también no al socialismo caduco.

    Rodolfo Arango

    Tomado de Razón Pública
    7 de julio de 2014

    Hegemonía de un modelo

    La Tercera Vía ha dado de que hablar en los últimas semanas. De ella hacen eco medios y columnistas proclives a élites sociales y otrora dirigentes mundiales, sin importar lo desprestigiados que estén en sus propios países.

    Vale la pena hacer algo de claridad sobre el tema: la Tercera Vía no es la supuesta alternativa al capitalismo y al socialismo, como se quiere presentar. Más bien se trata de un discurso de encubrimiento del capitalismo hoy hegemónico y sólo desafiado por el terrorismo y el radicalismo islámico.
    Hasta el presente no existe una alternativa a las formas y relaciones de producción que representan el capitalismo y el comunismo. 
    En su fase más aguda y avanzada, el capitalismo corporativo transnacional ha mostrado una efectividad prodigiosa. Para probar este aserto baste con mencionar las políticas económicas, laboral y social, que ya no son formuladas “democráticamente” a nivel nacional: ellas son impuestas por instancias internacionales, incluso de carácter privado, que deciden el destino de los pueblos sin que sus integrantes lleguen siquiera a enterarse.

    ¿O acaso cree alguien que fueron el partido de la U, el otrora “glorioso” partido liberal y el “benemérito” partido conservador los que en representación del pueblo colombiano aprobaron la flexibilización laboral, y no organismos internacionales siguiendo la cartilla del consenso de Washington?
     
    El mercado y el Estado

    Hasta el presente no existe una alternativa a las formas y relaciones de producción que representan el capitalismo y el comunismo. Diversas alternativas están sobre el tapete, pero sólo a nivel teórico. Baste mencionar una: el socialismo de mercado, que  garantiza la propiedad privada de los bienes de consumo, pero no de los medios de producción; en su versión más actual, acepta incluso que estos últimos y la fijación de precios sean determinados por el mercado, pero bajo planificación del gobierno y con participación de los trabajadores en la administración y ganancias de las empresas.  
    La tal Tercera Vía carece de un modelo de formas y relaciones de producción distinto de   de las dos opciones que dice querer superar. Se trata de una típica hipóstasis del discurso con la realidad: se pretende crear nuevas realidades fácticas vía discursos, reemplazando hechos con palabras.
    Con su fórmula “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”, la Tercera Vía de Santos encubre la realidad del libre comercio internacional, legal e ilegal, en beneficio de grandes conglomerados, por lo general privados, en procura de crecientes capitales con destino a paraísos fiscales (black pool). Bajo el uso de las expresiones “posible” y “necesario”, afloran los prejuicios de sus promotores: el mercado es sinónimo de libertad, el Estado de lo contrario.

    Otro sería el paseo si la fórmula fuese “tanto Estado como sea posible, tanto mercado como sea necesario”: Esto en atención a que vivimos en un país inculto adverso a la ley y amigo del atajo.  
    Con este fácil juego de palabras, los tecnócratas de derecha buscan maximizar el mercado y minimizar el Estado, sinónimo de ineficiencia, corrupción y arbitrariedad. Se obedece así la cartilla neoliberal, con sus recetas de desregularización de la economía, privatización de funciones, entidades y bienes públicos y reducción del Estado, pese a sus devastadores efectos sobre la desigualdad, la equidad y la solidaridad social.

    La muerte del socialismo 

    En su versión benigna, la Tercera Vía parte de supuestos errados, a semejanza de  Fukuyama con el efímero “fin de la historia” y de las ideologías.

    Uno de tales supuestos es creer que el marxismo como utopía emancipadora ha perecido, sepultada por el fracaso del comunismo soviético o del socialismo chavista del siglo XXI. Pero con estos ejemplos se confunden experiencias históricas, por cierto fallidas e inaceptables dada su negación del pluralismo étnico, cultural, de género, político o religioso, con la búsqueda de verdaderas alternativas a formas y relaciones de producción que perpetúan la dominación.

    La superficialidad del debate se hace patente cuando se centra simplemente en la condena al totalitarismo o en la exaltación de la libertad como motor de la motivación, innovación o productividad.
     
    Detrás del eslogan

    Pero no todo es superficial o benigno en el discurso encubridor de la Tercera Vía.

    Un dogmatismo fanático trasluce en la pepa de su raciocinio instrumental, propio de la actual clase política gobernante: óptimos de Pareto, condiciones de Samuelson, etc., son formas de reducir las grandes decisiones políticas, económicas y sociales sobre democracia, guerra, soberanía o relaciones internacionales, a problemas de eficiencia, como si la idea de la utilidad gobernara al ser humano y no al contrario.

    El “unilateralismo” del análisis económico, que desecha variables y simplifica la complejidad del contexto cultural y político en su metodología para modelar matemáticamente, resulta tan totalitario como el pensamiento colectivista que dice combatir. La privatización de la salud, la educación y la justicia, por presuntas razones de eficiencia, evidencia la ideología de derecha latente bajo la máscara socialdemócrata.

    El discurso de la Tercera Vía complementa al discurso de la paz. Con su medianía y su mezcolanza pretende ser social pero de paso coopta, anula el disenso y liquida la democracia. Dineros públicos y privados seguirán fluyendo para mantener el estado de cosas, impedir la democratización y entronizar la corrupción. Mientras tanto, las grandes reformas al régimen territorial, de tierras, de poder político y de garantías a la oposición seguirán siendo imposibles, en buena parte por ser incompatibles con los negocios internacionales. La corrupción y la guerra, modus operandi del capitalismo transnacional, se encargarán de aportar su cuota de terror, también necesaria para reactivar el aparato productivo y controlar la población mundial.

    La verdadera tercera vía

    Desafíos más dignos de discutir en la búsqueda de alternativas reales al capitalismo y al comunismo soviético o al socialismo castro-chavista se centran, por ahora, en el análisis de la libertad.

    Tanto el historiador Quentin Skinner, con su defensa de un tercer concepto de libertad, como el filósofo Philip Pettit, con su propuesta de “libertad como no dominación”, ofrecen perspectivas republicanas más enriquecedoras que las de la Tercera Vía para analizar los alcances y límites de la libertad.

    No debe desanimarnos que hoy predominen el capitalismo transnacional y su mancorna, el pensamiento posmoderno. Por el contrario, la debilidad teórica de su reencauche debe animarnos, puesto que ella no podrá superar el culto al mercado, el avance del militarismo y de la corrupción (como acaban de mostrarlo los manejos oscuros de Tony Blair en su gestión como “enviado de paz” a Oriente Medio), o el aumento del fanatismo religioso como consecuencia de intervenciones humanitarias con fines económicos.

    Desenmascarado el discurso de cooptación política que acompañará el segundo periodo presidencial de Santos, queda abierta la pregunta de cómo construir un orden internacional verdaderamente republicano, en el cual las potencias extranjeras abandonen su mentalidad colonialista y explotadora de naciones “inferiores” o subordinadas.
    Afloran los prejuicios de sus promotores: el mercado es sinónimo de libertad, el Estado de lo contrario.
    Al igual que una constitución republicana parte de la libertad, la igualdad y la solidaridad entre sus ciudadanos, el orden político internacional debe reconstruirse sobre condiciones de igualdad real que tengan en cuenta la injusticia histórica del colonialismo y las nuevas formas de su resurgimiento.

    En la exploración de alternativas es importante volver a los clásicos del pensamiento, a la lectura, al debate crítico, para combatir la estrategia televisiva transnacional de embrutecimiento, con el espejismo de vivir bien porque se participa visualmente de la vida de los otros. “Realities” que acercan a la audiencia anónima a similares del género humano y les permiten, por un momento, gozar de una gloria personal prestada. O enlatados empobrecedores, como si todos tuviéramos derecho a una cuota de estupidez en el mundo.

    Por el momento no existen alternativas al capitalismo imperante y al comunismo caduco. Pero eso no debe incomodarnos.

    Por el contrario, debería animarnos el hecho de poder detectar las manipulaciones a las que estamos sometidos con el pensamiento único de una derecha activa y militante, de múltiples rostros, dispuesta a arrasarlo todo y a todos con su pathos tanatológico.

    El aporte para una  transformación radical podría venir de una izquierda crítica y reflexiva, no una cooptada y confundida que cree necesario acoger el discurso de unanimidad para tener una opción sobre la tierra. La emancipación del género humano es una utopía vigente, al igual que lo es la búsqueda de formas y relaciones de producción sensibles a las diferencias y respetuosas de otros seres vivos. Si persistimos en este difícil trabajo de domesticar la política nacional y mundial  estaremos dando pasos en la dirección correcta